sábado, 1 de junio de 2019

41 ASICS Stockholm Marathon




Estocolmo fue la ciudad elegida para albergar los Juegos de la V Olimpiada, sucediendo de esta manera a Londres que los habían celebrado 4 años antes. Se celebraron entre el 5 de mayo y el 27 de julio de 1912 participando 2407 atletas (2359 hombres y 48 mujeres) Fue la primera vez que se celebraron las pruebas de Pentatlón y Decatlon, ambas pruebas ganadas por el estadounidense Jim Thorpe al que meses más tarde le retiraron las medallas por haberse descubierto que había sido profesional del beisbol, deporte en el que tenía un salario, algo prohibido por aquel entonces para poder participar en los Juegos Olímpicos, ya que estaban concebidos exclusivamente para deportistas amateur.


Ceremonia inauguración JJOO Estocolmo 1912


En el año 1982, durante una reunión del Comité Ejecutivo del COI, Juan Antonio Samaranch propuso que se restauraran las medallas de Thorpe lo que fue aceptado de manera unánime. Dado que Thorpe había fallecido en 1953, las medallas les fueron entregadas a sus hijos.

Y hasta esta preciosa ciudad nórdica de 965.000 habitantes en el 2107, me llevo mi pasión maratoniana para correr el que sería mi Maratón #26 y la sexta de este reto del 2019, el ASCIS Stockholm Marathon.

No llegaba en buenas condiciones. El cansancio de los dos últimos meses ya empezaba a hacer mella en mis piernas y, aunque el último entreno me había salido muy bien, no sabía realmente lo que me esperaba en la carrera. Y ya os avanzo que no fue del todo agradable.

Por si fuera poco, la semana anterior me habían empezado a molestar las varices de la pierna derecha, algo que nunca me había pasado anteriormente. Llevo años con ellas, e incluso estoy operado, pero nunca había sentido dolor. Eso si, en cuanto ponía la sangre en circulación al caminar o correr, el dolor desparecía. Claro que no sabía cuál sería el resultado de someter las piernas a 42 kilómetros y 195 metros.

Así que con esa incertidumbre viajé el viernes a Estocolmo después de haber tenido que cambiar el billete que tenía con la Norwegian por uno con Vueling, por un cambio de horario de la primera que no me permitía recoger el dorsal. Menos mal que avisaron con tiempo y no me supuso un desembolso a mayores.

Para desplazarme del aeropuerto al centro había barajado dos opciones. La más popular y rápida (18 minutos) que es el tren Arlanda Express (€49.00 con descuento), y el autobús Flygbussarna que fue la opción que elegí finalmente y quizás la más acertada ya que por €20.00 tienes billete de ida y vuelta. El trayecto dura poco más de 40 minutos y la frecuencia es cada 10 minutos. En mi caso fue salir de la terminal T2 y encontrarme el autobús justo en la puerta. La parada en Estocolmo está al lado de la estación central, así que para mí era perfecto ya que tenía el hotel allí cerca. Cuenta con app en la que puedes guardar el billete electrónico que escaseas al subir al autobús. Realmente cómoda y recomendable.

En cuanto al transporte público en Estocolmo, la empresa que lo gestiona es la SL que dispone de diferentes tipos de billetes (24h-72h...) También dispone de app, pero ésta sólo te deja comprar billetes sencillos que cuestan unos €4.00, por lo que es recomendable comprar los billetes de cartón en los supermercados de las estaciones o la tarjeta SL Access que se puede recargar con los mismos abonos de 24h 72h etc.. Los billetes son válidos para autobuses, metro (T), tranvía, trenes y ferries (los turísticos no)

Una vez ubicado en la ciudad y con la maleta en el First Hotel Kungsbron, me fui directo al estadio a recoger el dorsal. Aunque no es lo más indicado el día antes del Maratón, decidí ir caminando, ya que sólo había un par de kilómetros desde el hotel.

Al llegar, lo primero que me impresionó fue el Estadio Olímpico. Me esperaba encontrar un gran estadio en cuanto a dimensiones, y lo que apareció delante mía fue un precioso y coqueto estadio al que desde 1912 sólo le debieron cambiar el césped y la pista. Las gradas, columnas y cubierta de madera y sólo tenía 18 filas. El palco parecía sacado de Juego de Tronos. Me quede totalmente enamorado. A pesar de su reducidísima capacidad, con sólo 14000 localidades, es el estadio que más records mundiales ostenta (83 en el 2008). Y ahí, en ese marco incomparable, era dónde al día siguiente debería cruzar la línea de meta.












Después de una breve visita al estadio, me acerque a la zona Expo que estaba situada en otro estadio anexo. Sería también nuestra zona cero el día del Maratón para dejar las bolsas y entrar en los cajones.

La Expo no era demasiado grande. Su stand principal, evidentemente era el de ASCIS, muy parecido (si no el mismo) que el que se montó en Barcelona. El dorsal te lo imprimían al momento y en esta ocasión te daban un chip retornable para colocar en las zapatillas.





Había unos cuantos stand de otros maratones, entre ellos el de Barcelona, pero en el que me paré fue en el del Gran Canaria Maratón, dónde estuve hablando con Juan que, casualmente vivía allí y además me comentó que me había visto en Helsinki hacía dos semanas (la Celeste me delata :) Y gracias a sus recomendaciones  el Domingo pasé un par de horas fantásticas en el Crucero Bajo los Puentes que luego os detallaré.


Amplia zona Expo


No había mucho más que hacer por allí, así que de nuevo regresé caminando hasta el hotel para ya quedarme a descansar hasta el día siguiente.

Si el viernes al llegar, lucía un sol esplendoroso, el sábado cuando me levanté ya no lo hacía tanto. La previsión era de nubes, sol por momentos y lluvia. O sea, de todo un poco. Desayuno en el hotel y salgo tranquilamente hacia la Expo, esta vez en metro.

La riada de gente era impresionante y el metro iba lleno hasta los topes. No era para menos, porque la organización había anunciado 16000 inscritos. Aún así, todo fue muy fluido. Dejé mi bolsa sin problemas y el acceso a los cajones muy ordenado. Justo antes de entrar en el mío, me encuentro con un par de murcianos con los que estuve charlando un rato. Otros trotamundos como yo, que llevaban unos cuantos maratones en sus piernas.




En los cajones se estaba de lujo, ya que habían puesto baños portátiles. Todo un detalle para esas necesidades de última hora. También había una mesa con agua, para no salir con la garganta seca.

Esta vez la salida era a las 1200h, algo tarde, pero mejor hora que las 1500h de Helsinki. La animación por megafonía y la música eran espectaculares y a las 1200 en punto escuchamos una salva con la que se daba inicio a la carrera.

Los primeros kilómetros como siempre de tanteo. Con 16000 corredores, aún a pesar de los cajones, hay que ir con cuidado de no tropezarse y buscar un ritmo cómodo. Ahí ya se intuía que la carrera no iba a ser fácil porque empezábamos a encontramos con toboganes.

No iba especialmente suelto y el primer parcial de 5K lo paso en 28'18" casi un minuto más lento de lo que inicialmente era mi tiempo previsto más optimista, 27'00". Aún así, no estaba nada mal teniendo en cuenta que poco antes del km 5 tuve que parar a 'fer un riuet'


Primeros kilómetros más o menos bien


Pero no me encontraba cómodo y los toboganes continuaban por la ciudad, sobre todo cuando nos acercamos al río. El segundo parcial lo hago un poco mejor a 28'09" aunque por mi cabeza ya rondaba la idea de que no iba a ser mi día. Ese tramo es uno de los que tendríamos que repetir al final del Maratón, del km 35 al 41. Los primeros 4K eran bastante llanos, pero los dos del 13 al 14 y del 40 al 41 eran en subida constante.

El tiempo la verdad es que acompañaba, porque estaba nublado y hacía un poquito de fresco sin ser frío. No era el calor agobiante de Helsinki aunque el sol apareció en algún momento antes de ponerse a diluviar cuando íbamos por el km 32. Pero aún quedaba mucho para llegar ahí.

En el km 12 tuve que parar en un baño portátil a hacer necesidades mayores. Desde Marrakech no me había pasado. Ahi perdí unos cuantos minutos, y el km 15, en el que dejábamos atrás el Estadio Olímpico al que volveríamos después para terminar el Maratón, lo paso en 1h28m09s con un parcial 5K de 31'43".

He de comentar que los avituallamientos estaban muy bien organizados. Mesas bastante largas y con agua y bebida energética en vasos de cartón. Avanzada la carrera había azúcar, plátanos, naranjas, etc. La verdad es que la organización es de Maratón Gold, pero me imagino que no querrán pagar el canon que pide la IAAF para dar la etiqueta.

Llegaba una de las partes duras del circuito, el parque Ladugardsgardet dónde estaba la antena gigante de TV y con constantes y empinadas, subidas y bajadas. Eso sí, el paisaje era muy bonito, ovejas pastando incluidas.

Por mi cabeza ya sólo pasaba el pensamiento de cuántos minutos me iba a ir de las 4h, porque sabía que no tenía el día. Las piernas cansadas y mi vejiga floja. De nuevo, otro 'riuet'.

Atravesando un pequeño puente pasamos al Djurgarden uno de los parques (o más bien bosques) más visitados de la ciudad, dónde se encuentra el poblado Skansen, el Abba The Museum, el Vassa Museum y el Museo Nórdico. El tranvía 7 es la mejor opción para llegar ahí.

Pero nosotros no íbamos precisamente en tranvía y el kilómetro 21 se hacía de rogar. Antes, el paso por el km 20 marca un parcial de 29'39". Había mejorado un poco, pero iba realmente mal y lento. El medio maratón lo paso en 2'04'31".


En el km 22 el tema ya se había complicado un poco


Teniendo en cuenta que no iba a doblar tiempo, y el cansancio que notaba, la previsión más optimista en ese momento era bajar de las 4h30m. Así que intentando olvidarme un poco del cansancio y los dolores que ya empezaban a aparecer en las piernas, seguí liquidando kilómetros a trote cochinero.

Debíamos pasar de nuevo por el muelle de cruceros fluviales de Estocolmo para cruzar Gamla Stan, el barrio antiguo y llegar a Sodermalm, la zona más bohemia de la ciudad. Lo que nadie nos había dicho era el pedazo de subida que había que hacer para pasar de una isla a la otra. Realmente demoledora. Poco después se encontraba el km 25 en un larguísimo falso llano. El parcial se me había ido de nuevo por encima de los 30', a 31'12" concretamente y el Maratón empezaba a dejar de ser divertido para pasar a una fase en la que lo único que pensaba era en llegar a la meta y terminar.

Al final de esa larga recta, en la que circulábamos en paralelo con los corredores que ya habían pasado por el km 30 (psicológicamente minaba bastante), y tras un giro de 90º, empezamos un descenso muy empinado que nos dejaba a los pies de la terminal de cruceros. Como me había estudiado el recorrido, sabía que esa  bajada, nos la iban a cobrar tarde o temprano. Y no tardaron mucho. Dos aburridos kilómetros por la terminal de cruceros y una subida en curva realmente demoledora para volver al centro de Sodermalm y, tras atravesar un túnel, llegar al kilometro 30, un punto importante psicológicamente, porque ya sólo te quedan 12K y sabes que, aunque sea andando, ya vas a llegar a meta.



En el km 35 ya no era persona

El parcial de esos 5K fue 32'34". Iba de mal en peor y ya muy escaso de fuerzas. Aún así no había dejado de correr en ningún momento, salvo para hacer mis necesidades. Pero eso poco duró, porque en el km 32 una nueva subida bastante empinada, acabó con mi paciencia y saque la bandera blanca. La subí caminando y al llegar arriba, aprovechando la bajada, volví a iniciar la marcha. Iba a ser la primera de unas cuantas caminatas.

Y la segunda, poco después, cuando bajo la intensa lluvia, divisamos el Vasterbon Bridge, el puente más largo y empinado de la ciudad que une Sodermalm con Kungsholmen por donde ya habíamos transitado en el inicio de la carrera.

De nuevo hasta que no coroné el puente no me puse a correr, por llamarlo de alguna manera, y poco a poco, con mucho esfuerzo llegué al km 35 con un parcial de 36'39". Ya me veía más cerca de las 5h que de las 4h30m, pero tiré de afouteza y fui liquidando kilómetros como podía.


Intentando visualizar el cartel del km 40



El km 40 estaba situado al final de otra subida y marco un parcial de 36'15". A partir de ahí, cambio el chip y tiro de reservas para subir el ritmo y, al menos, entrar dignamente en el Estadio y dar dos cuartos de vuelta disfrutando de la que iba a ser mi Maratón número 26. Cruzo la meta en 4h27m57m, mi peor marca hasta el momento, pero una de las más sufridas. Aunque era lo de menos, proporcionalmente no quedé tan mal, porque llegué en el puesto 6300 de 12353 llegados a meta, o sea, más o menos en la mitad.




Feliz en el tartán del Olímpico


Besito para mis dos amores


Por fin!!!


Nada más recoger la medalla, me encuentro con dos chicos de Madrid, también trotamundos (uno de ellos había corrido 4 veces NYC) y me confirman que no me estaba buscando excusas, que el circuito era muy duro. Eso sí, he de decir que no tanto como para haberme ido tanto de las 4h, pero teniendo en cuenta que era el segundo maratón en 15 días y que el anterior en Helsinki ya había sido duro, la verdad es que tengo que estar contento.



Mordisco a la #26




Me fui con ellos charlando a recoger la camiseta y la bolsa con bebida y comida y luego nos despedimos. Yo recogí mi bolsa con la ropa y me fui al Estadio Olímpico a ver cómo seguían llegando corredores y a disfrutar del ambiente. Por cierto, tanto el depósito como la recogida de la ropa sin cola, lo cual es digno de alabanza porque éramos 16000 corredores. También había la opción de dejar objetos de valor (carteras o móviles) en un sobre en unas carpas habilitadas exclusivamente para eso.

Después de un buen rato viendo las caras de felicidad y alguna de sufrimiento tras cruzar la meta del Estadio Olímpico, me fui hasta el  metro para regresar al hotel a ducharme y a descansar un poco, antes de salir para cumplir con mi tradición de brindar con todos vosotros en el Hard Rock Café.



Ahí va el brindis


Ojo a la política de empresa :)


Al día siguiente, con las piernas muy cargadas, tocaba visitar la ciudad. Es algo que no perdono, y la verdad es que las piernas, aunque sufren un poco, al cabo de tres días están como nuevas. Yo se lo recomiendo a todo el mundo. Que no se queden en casa o en el hotel tirados en el sofá o en la cama. Al día siguiente hay que caminar para activar las piernas. Concretamente, ese día, según mi reloj, caminé nada menos que 18K. Eso sí, de vez en cuando una pausa para un agua o una cervecita.

Lo primero que hice fue ir hacia el muelle de cruceros fluviales para hacer el crucero fluvial 'Under the Bridges' (€26.00) que me había recomendado Juan. Era algo que no estaba en mis planes y la verdad es que me alegro mucho de haberlo hecho. Se lo recomiendo a todo el mundo. Es una forma diferente de ver la cuidad pasando por 9 de sus múltiples puentes y con unas perspectivas muy diferentes de cuando vas paseando. Primero fuimos hacia la zona de Djungarden para luego ya pasar por un pequeño canal entre Henriksadal y Sodermalm que nos dejaba en un lago interior rodeado de naturaleza y edificios sostenibles tras pasar por una pequeña esclusa.












Después fuimos en dirección al puente Vasterbon que tanto me había costado subir el día anterior. Pasando por debajo llegamos de nuevo al centro de Estocolmo, pero esta vez por su lado oeste, con unas vistas espectaculares de la parte antigua y del Ayuntamiento y su famosa torre. Tras un giro de 180º regresamos por dónde habíamos venido para cerrar un relajarte paseo de casi 2 horas en los que con los auriculares podías escuchar la historia de la ciudad.










Una vez finalizado el paseo en barco y tras pasar por St. Jacobs Kyrka,  el edificio de la Opera y el Palacio Real, llego hasta la Catedral de San Nicolas y la iglesia Riddarholmskyrkan desde la que ya me dijo a la estación de metro de Gamla Stan, para ir a la zona del rio en Sodermalm que había visto desde el barco. Me bajo en Medborgarplatsen y de ahí voy caminando hasta Skanstul dónde bajo a la zona del río dónde se encontraba el complejo Eriksdalsbadet de 27000 m2, con un pabellón de natación con piscina olímpica y una zona exterior con dos piscinas más y unos jardines dónde la gente se relajaba disfrutando del sol.



Eriksdalsbadet




Unos metros más abajo estaba el embarcadero y un paseo fluvial por el que transitaban corredores, paseantes, bicicletas y hasta alguna que otra familia de patos. En 10 minutos, pasabas del tráfico de la ciudad a estar en plena naturaleza. Una maravilla.

Después de un relajarte paseo, me dirigí a la estación de Skanstul desde dónde decidí iniciar la ruta del metro. Era algo que tenía previsto hacer el lunes por la mañana, pero por si luego iba justo de tiempo decidí adelantarlo. Y la verdad es que hice bien, porque no me hubiese dado tiempo.

No hay un orden fijo, pero sí que hay algunas estaciones que realmente merece la pena visitar y pasear para ver las obras de arte con las que se han decorado. Las estaciones que están decoradas están casi todas en la línea azul, aunque hay algunas como la del Estadio Olímpico que pertenece a la roja. Yo visité Central Station, Kungstradgarden (quizás las más espectacular) y Radhuset para terminar en Solna, un barrio en las afueras de Estocolmo en el que se encuentra el Mall de Scandinavia y el Friend's Arena, campo de fútbol con techo retráctil y en el que el Celta estuvo a punto de jugar la Europa League en el 2017. Lástima que aquel último balón del Tucu en Old Trafford no entrase...
















Friends Arena


Y de ahí, totalmente agotado después de haber caminado según el reloj 17 kilómetros, me fui al hotel a dormir porque todavía quedaban un par de cosas que hacer al día siguiente antes de coger el avión de regreso.

El lunes no tenía mucho tiempo porque a las 1300h tenía que estar en el hotel para recoger las cosas y subir al autobús que me llevaría al aeropuerto de Arlanda, así que después de disfrutar de un fantástico desayuno en el hotel, me fui en busca del metro para ir a ver algo único en el mundo: Ericsson Globe

Globen es el edificio esférico más grande del mundo y alberga un auditorio de conciertos con capacidad para 16.000 espectadores. En él se celebraron los Europeos de Atletismo en Pista Cubierta de 1996 y otros muchos eventos deportivos, desde baloncesto y balonmano, hasta patinaje artístico o hockey hielo. Por su escenario pasaron figuras como MUSE, Bruno Mars, Depeche Mode, Lady Gaga, Radiohead, Green Day y muchos otros.  Tiene un diámetro de 110m y una altura de 85m y por sus paredes exteriores circulan dos esferas que pueden transportar hasta 15 personas y desde las que se puede contemplar una fantástica vista aérea de todo Estocolmo por sólo €16.00. Desde luego para mi, era una visita obligada.


Ericsson Globe

Panoramic Stockholm

Panoramic Stockholm


Al lado, se encuentra el Tele2 Arena, un estadio inaugurado en el 2013 y que  cuenta con techo retráctil y una capacidad para 33.000 espectadores, aumentando a 45.000 en caso de conciertos musicales. Por su césped artificial pasaron artistas tan diversos como Madonna, Avicii o Iron Maiden. Dos días después de mi regreso estaría actuando allí mismo Bon Jovi dentro de su gira 'This House is not for Sale'



Tele2 Stadium

Tele2 Stadium



Tras esta breve visita, regresé al centro de Estocolmo para coger el tranvía #7 que recorre la zona de los cruceros fluviales partiendo de la Central Station y llegando hasta Djurgarden, para luego regresar de nuevo a la Central Station. Una buena forma de ver esa parte de la ciudad usando el bono de transporte público y sin cansarse nada.


Gamla Stan

Abba The Museum

Nordic Museum


Y ya no había tiempo para nada más. Maleta, autobús, avión y de regreso a casa donde, como siempre, me esperaban mis dos amores a las que dedico un Maratón más porque sin su cariño y su apoyo este sueño sería imposible.

Regreso bastante cascado de estos dos intensos meses y ahora tengo un pequeño respiro de 5 semanas hasta el próximo que será en Tenby, Gales el 7 de Julio.

Como siempre, fotos del maratón en GOOGLE FOTOS MARATON, las de la ciudad en GOOGLE FOTOS ESTOCOLMO y las estadísticas del reloj, que no las oficiales, en GARMIN CONNECT






NO RETREAT NO SURRENDER












sábado, 18 de mayo de 2019

39 Garmin Helsinki City Marathon





Como habrá algun@s (o much@s) que se aburran por el camino y no lleguen al final, quiero dedicar esta nueva medalla, una vez más, a mis dos amores que están ahí día tras día aguantando mis batallitas maratonianas. Sin ellas, la verdad es que estas aventuras no serían para nada lo mismo. Os quiero mucho ❤️

Y después de la dedicatoria, entramos en materia. Esta vez mi periplo maratoniano me llevó a correr el Garmin Helsinki City Marathon, en la capital de Finlandia y sede de los JJOO de 1952 donde destacó por encima de todos el gran Emil Zatopek. Las pruebas olímpicas se celebraron en el Estadio Olímpico inaugurado en 1938 y que, precisamente estos días, está en renovación por lo que ni siquiera pude subir a la torre de 72 metros desde dónde dicen hay unas vistas espectaculares de la ciudad. Sobre plano la reforma tiene muy buena pinta.


Infografía de la reforma del Estadio Olímpico


Ceremonia inauguración JJOO Helsinki 1952



En estos Juegos Olímpicos, hizo su debut la Unión Soviética, que si bien había competido en Estocolmo 1912 como Imperio Ruso, no lo había vuelto a hacer más. La leyenda finlandesa Paavo Nurmi, ganador de 12 medallas olímpicas, entre ellas 9 oros, fue el encargado de encender el pebetero.

Como ya comenté anteriormente, la gran figura de Helsinki 52 fue el checoslovaco Emil Zátopek, triple medalla de oro en las pruebas de 5000, 10000 y Maratón, siendo la primera vez que participaba en esta disciplina. Venció en las tres con récord olímpico. Apodado ‘la locomotora humana’, se carácterizó por la fuerza física de sus piernas y por su aguante en carrera, con el que marcaba el ritmo a sus rivales hasta que los dejaba atrás. Su esposa Dana Zátopková también se llevó una medalla de oro en el lanzamiento de jabalina.

                      
                    
                  Emil Zatopek
Paavo Nurmi


Helsinki tiene 1.4 millones de habitantes contando el área metropolitana y está compuesta por unas 300 islas. Fue elegida capital del diseño en el 2012 y forma parte de la red de ciudades creativas de la UNESCO desde el 2014. Está considerada como una de las mejores ciudades del mundo para vivir. Con este Maratón puedo decir que he corrido en las dos orillas del Mar Báltico, ya que hace dos años había estado en Tallin que está separada de Helsinki por sólo 85Km.

Y fue precisamente en el Estadio Olímpico de Helsinki ocurrió un hecho histórico para el deporte español, casualmente en la prueba del Maraton. Martín Fiz, Diego García y Alberto Juzdado cruzaron la línea de meta de dicho Estadio Olímpico obteniendo Oro, Plata y Bronce respectivamente, en los Europeos de 1994. Luego lo repetiría el equipo italiano capitaneado por Stephano Baldini en los Europeos de Budapest del 1998.


Fiz, García y Juzdado


Tras el aceptable resultado en el Maratón de Amberes a finales de Abril y ya recuperado de las lesiones que me lastraron desde principios de año, llegaba a Helsinki con bastante moral y con muchas ganas de volver a bajar de las 4h. Tampoco es que haga una eternidad que no lo consiga, porque sólo hace 4 meses que firmé 3h55m en Marrakech, pero la verdad es que con este reto en el que estoy inmerso, los primeros maratones ya me parecen muy lejanos.

El vuelo, de unas 3h30m, fue bastante tranquilo y llegué a Helsinki con un sol esplendoroso. Las previsiones daban buen tiempo todo el fin de semana, quizás demasiado bueno para la hora de la carrera, las 1500h en la que se esperaba una temperatura de 20ºC, pienso que inusual para esta época del año en Helsinki.

Esta vez cambié hotel para volver a Aribnb. Había reservado un apartamento a 500 metros del complejo deportivo dónde, aparte del Estadio Olímpico, se encuentra también y palacio de deportes y tres campos de fútbol, dos de entrenamiento y el principal, el Telia 5G Areena, con capacidad para 20000 espectadores que es donde juega la selección finlandesa y también donde terminaba el Maratón. Una lástima que no lo haga en el Estadio Olímpico porque, aunque no estuviese de reformas, no se usa para el final del Maratón. No hay nada como dar esa vuelta olímpica antes de cruzar la línea de meta de un Maratón.


Estadio Olímpico (actualmente en reformas)


Para llegar al apartamento, después de valorar opciones, decidí ir en autobús, ya que el 415 te deja en el centro de Helsinki y a mi me dejaba a 10 minutos del alojamiento. Aunque tarda casi una hora, es una opción cómoda y muy económica. Por €24.00 compré a través de la app de la red de transportes de Helsinki (HSL) un bono para usar todo el transporte público durante los tres días completos que iba a estar allí. Os recomiendo hacerlo desde el propio aeropuerto ya que el bono se activa al realizar el primer viaje y dura exactamente las horas que hayas contratado. Hay diferentes tipos dependiendo de la estancia.

La salida del aeropuerto fue un poco caótica porque está en obras (como medio Helsinki) y además, por alguna extraña razón, el 415 se saltó una de las frecuencias y tuve que esperar una hora para poder coger el siguiente. No es lo normal. De hecho, a la vuelta lo cogí cerca del apartamento y pasó con una puntualidad asombrosa.

Hay otras opciones un poco más caras como un autobús de Finnair que no hace paradas y también el tren, que es muy buena opción para lo que tengáis el alojamiento en el centro de Helsinki.

Después de ir al apartamento y dejar las cosas, me dirigí a la Expo para coger el dorsal y recorrerla. Aunque estaba también abierta el sábado por la mañana, siempre es mejor dejar los deberes hechos el día anterior. No era excesivamente grande, pero estaba bien organizada. Se celebraba en dos pabellones antiguos anexos al Estadio Olímpico que debieron albergar pruebas olímpicas en 1952. Totalmente sin reformar. El pabellón de baloncesto que era dónde se recogían las camisetas parecía que no había pasado el tiempo por el.



Recogida de dorsales


Recogida de camisetas


Al tener el apartamento tan cerca fui a dejar las cosas antes de coger el tranvía que me acercaría al centro. La primera impresión de la ciudad no fue mala, pero tampoco me pareció nada del otro mundo. Evidentemente eso fue porque acababa de aterrizar, porque ahora, después de haberla recorrido de cabo a rabo, he de decir que es una ciudad maravillosa.


Töölö


Necesitaba comer algo de pasta, así que encontré un italiano cerca de la estación del tren y no me lo pensé dos veces. Fue una especie de comida/cena a eso de las 1800h que es la hora a la que come esta gente. De vuelta, volví a coger el tranvía 4 que me dejaba al lado del apartamento al que ya me fui a descansar. Aunque esta vez no tenía que madrugar para la carrera, sí que me quería levantar temprano por los horarios de las comidas y también para ver la salida y llegada de la Media Maratón que se celebraba por la mañana. Al igual que en Viena, también iba a haber maratón por relevos. El primero hacía 15K, el segundo 9K, el tercero 6K y el último 12K. Menos mal que yo ya tengo muy asimilado el ritmo y no me afecta el de los demás, pero no veáis a qué velocidad me adelantaban algunos, sobre todo los del relevo de 6K.

Desayuné temprano y me fui a la zona de salida para ver cómo estaba organizado todo. Había cambiado bastante desde el día anterior y ya se respiraba ambiente de carrera. Dejé mi bebida personalizada en sus cestos correspondientes. Una para el km 23 porque había un salto de 5k sin avituallamiento, del 23 al 28, y la otra para el km 33 dónde las fuerzas ya empiezan a flaquear.


Lago Töölö


Zona salida


Salida Media Maratón


Tras un paseo por la zona, ya me situé bien para ver la salida del Medio Maratón en el que iban a participar 10000 corredores. No estaba nada mal. Tras la salida, me fui a un local cercano a comer una riquísima ensalada Cesar. Eran las 1145h más o menos y todo resultaba extraño. Era la primera vez que correría a las 1500h un maratón y la espera se hacía eterna.

Al terminar de comer fui al estadio para ver cómo estaba montada la meta y para ver la llegada de los primeros del Medio Maratón. Todo estaba organizado dentro del Estadio XXXX. El pimer corredor cruzó la meta con un tiempo de 1h20m. En principio lo achaqué a que el nivel sería bastante bajo. Mucho, la verdad. Por la tarde me daría cuenta de que no era cuestión de nivel, sino del circuito…


Vencedor del Medio Maratón

El ansiado KM 42

Guardaropa que, aunque no lo parezca, estaba perfectamente organizado


Ya quedaban sólo dos horas para el Maratón así que me voy al apartamento a descansar un poquito y cambiarme. A las 1430 ya había dejado la bolsa en el guardarropa que era el campo de entrenamiento anexo. Estaba todo muy bien organizado, la verdad.  Y de camino a la salida me encuentro con Juan, un chico de Madrid que había hecho 3h12m en Valencia y quería hacer 3h05m aunque estaba un poco acojonado por el perfil. Yo no había visto ningún pico destacable, así que por mi parte iba bastante confiado en bajar de las 4h. Nos despedimos y ya nos fuimos a la salida que no estaba organizada por cajones, así que me puse relativamente cerca de la línea, sin pasarme mucho, porque no iba a salir en ningún caso por debajo de 5’30”.

A las 1500h en punto tras una cuenta atrás en finés (imagino) nos pusimos en marcha. El circuito eran dos vueltas, una de 25K y otra más corta de 17K pero que cogía los primeros 10K y los últimos 7 de la primera vuelta. Recorría 3 islas y pasaba por 9 puentes que yo creía serían planos. Ingenuo de mi…. La salida se realizaba en una calle no demasiado ancha y en obras al costado del Estadio Olímpico e íbamos a correr en sentido contrario a las agujas del reloj, quizás por aquello de seguir el ejemplo de las carreras en pista.

Al igual que en Viena, llevé 6 geles para tomar cada 5K a partir del km 10. Allí me había funcionado de maravilla, teniendo en cuenta que, al correr a menor ritmo del habitual, prácticamente supone tomar uno cada media hora. Es muy importante ir reponiendo carbohidratos al cuerpo para evitar quedarnos totalmente vacíos a partir del km 32-33.

Los dos primeros kilómetros me trasladaron a una realidad que no me había imaginado. Prácticamente en subida constante. No muy empinada, pero picando. Y tampoco ayudaba ver el cartel del km 26 entre los km 1 y 2. O sea, esa subida, la tendríamos que volver hacer 25 kilómetros después con las piernas ya bastante minadas. Desgraciadamente no iba a ser la única.

Otra curiosidad del circuito es que, diría que el 80% lo corríamos por aceras. Anchas, pero subiendo y bajando bordillos. Y no era que todos recortáramos. Es que no había opción.

Pero volvamos a la carrera. Tras pasar el km 3 dónde estaba el primer avituallamiento, un giro de 180º en subida nos dejaba en un puente que nos llevaba a la primera de las islas. Hacía mucho calor y con sólo 3K ya estábamos todos empapados de sudor y echándonos agua por encima.

A partir del km 4 empezó la pesadilla. Un constante sube-baja que no terminaba nunca. Y de vereda. No terminó hasta que llegamos al km 42 y pisamos el césped del campo de fútbol. Los puentes no eran planos, todo lo contrario. Salvo uno que era parte de una autopista y bastante largo en los km 12 y 37, los demás eran relativamente cortos pero muy empinados. Por mi cabeza sólo pasaba el pensamiento de que tendría que volver a pasar por todos esos puentes y caminos muchísimos kilómetros más tarde. No había llegado ni al kilómetro 10 y ya tenía claro que no bajaría de las 4h ni loco. Aún así iba cerca del globo.

El primer parcial de 5K (siempre según mi Garmin) lo paso en 27’20” a un ritmo de 5’28” el kilómetro, más o menos lo que tenía planeado inicialmente. Tras unas cuantas subidas y bajadas nos plantamos en el km 10, uno de los tramos más suaves de todo el circuito. Iba bastante bien, aunque ya se notaba el circuito y bajo 20”, para pasar en 27’40”. De momento todo salía según el guion.

En ese punto dejábamos el paisaje de lagos y bosque para meternos de lleno en la ciudad. Era el desvío de 8 kilómetros que nos iba a llevar a la zona del puerto. En el kilómetro 15 estaba el primer punto del relevo, así que había mucho ambiente con los corredores y corredoras esperando su posta. Yo seguía a buen ritmo, aunque había parado a ‘fer un riuet’, perdiendo otros 22” con respecto al parcial anterior. Aún así todo seguía en orden, con un ritmo para terminar por debajo de las 4h.

Tras un giro de 180º justo al lado de la preciosa y enorme Catedral de Helsinki, nos dirigíamos hacia el medio maratón y hacia el Estadio Olímpico para empezar la segunda vuelta. Poco antes del paso por el medio maratón nos meten por una cuesta en un parque que prácticamente todo el mundo subía andando. Y lo peor fue la bajada, casi más empinada que la subida. Menuda mente brillante al que se le ocurrió tremenda salvajada. ¡¡Que estamos en un Maratón no en el UTMB!!

A pesar de todo, el paso por el km 20 es el más rápido de toda la carrera, 27’18” casi un minuto menos que el anterior. Poco antes de la zona del puerto había adelantado al globo de las 4h y la verdad es que, aunque me pesaban un poco las piernas, no iba del todo mal.

El tiempo oficial del medio maratón fue de 2h01m, con lo que tendría que hacer split negativo para bajar de las 4h. Imposible en ese circuito. Lo tenía muy claro y totalmente asumido. El planteamiento ahora era simplemente ir a un ritmo decente y que no se me fuera mucho de las 4h la carrera.

En el km 23 me esperaba mi avituallamiento personalizado. Bueno, no estaría mal que, para años venideros en caso de sol, pongan unas sombrillas. Estaba caldoso, pero me lo tenía que tomar. Así que para dentro. Menos mal que el agua que cogían cubos y que, por cierto, daban en vasos de plástico, estaba realmente fresquita. Creo que ni en La Habana me tiré tantos vasos de agua por la cabeza.


Cubetas para el avituallamiento personalizado


El km 25 estaba situado justo delante del estadio y marcaba el inicio de la segunda vuelta. Lo paso con un parcial de 27’43”, casi clavado al segundo. Y de nuevo, después de bordear el campo de futbol por su exterior, nos meten en otro parque con una cuesta tremenda y un puente que después de bajar y volver a subir por la acera de la carretera que atravesaba, nos dejaba en el km 26 que se correspondía más o menos con el km 1.


Muy duro pasar por ese arco con la meta ahí al lado, pero sabiendo que te quedan 17K más para cruzarla


Ahí las fuerzas ya iban justas y todavía quedaba un mundo, desgraciadamente, bien conocido. Había que tirar de cabeza para no parar y terminar decentemente. Poco antes del km 30 que paso con un parcial de 28’37”, ya muy lejos de los 27’ que estaba marcando hasta entonces, me adelanta el grupo del globo de las 4h. Los mantuve en la lejanía un par de kilómetros, pero después ya los perdí de vista.

En ese segundo paso por las islas ya había mucha gente caminando en las cuestas. Se hacían muy duras. Yo conseguía no parar acortando la zancada, si es que a los pasos que daba se les puede llamar zancada. Sólo paraba en algún avituallamiento para poder beber bien el agua fresquita, pero no durante el recorrido.

En el km 33 estaba mi segunda bebida. Eso ya no era caldo, era un volcán en erupción. Dos sorbos y a la papelera. De poco me sirvió todo el esmero que había puesto. Era imposible beberla. El km 35 lo paso con mucho sufrimiento en 31’11”, signo de que ya la carrera se había convertido más en una batalla entre mis piernas y mi cabeza.

Y así poco a poco, llego a la zona donde 25K antes había visto el cartel del km 39, un paseo peatonal y para bicis que iba por un antiguo canal y que, al final del mismo, tras un giro de 90º y otra fuerte subida, nos dejaba en el km 40 dónde estaba el parque Maksiinipuisto con varios edificios culturales como el Helsinki Music Centre, el Teatro y Museo Kiasma y la Biblioteca Central Oodi.

Marco 30’44” mejorando un poco el parcial anterior. Quedaban sólo 2K y tocaba apretar para recortar lo máximo posible el tiempo. Y tanto que apreté porque el último parcial ya lo hice por debajo de los 6’ el kilómetro para llegar al estadio y cruzar la meta en 4h06m05s, dos minutos y medio más que en Amberes y 4 minutos menos que en Viena. Visto lo visto, resultado muy bueno teniendo en cuenta que era el 5º Maratón del año y el 3º en los últimos 40 días, desde el 7 de Abril que corrí en Viena.

¿Y que es lo mejor tras cruzar una meta? Ese trago de agua fresquita o bebida isotónica. Pues ni una cosa ni otra. El agua era con gas y, al igual que mi bebida, estaba prácticamente en su punto de ebullición y la bebida energético brilló por su ausencia. Eso sí, te daban ‘un chupito’ de Heineken sin alcohol, un helado y 3 o 4 barritas energéticas que no me comí ninguna porque básicamente no tenía con que tragarlas.


Estadio Telia 5G


Por primera vez parezco Mostovoi de verdad :)


La #25 con su mordisco


                           


De camino a por la bolsa con mi ropa, me encuentro con Juan que estaba metido en un barreño de agua helada que estaba a disposición de los corredores. Si yo había pinchado por 6 minutos, a él se le fue el objetivo por media hora. Al final terminó en 3h39m, una demostración más de la dureza de la carrera, aunque la prueba definitiva la marcan los ganadores tanto en categoría masculina como en femenina. El ganador absoluto tardó 2h27m y la ganadora en categoría femenina, 2h50m, uno tiempos que no recuerdo en ninguno de los 25 maratones que he corrido hasta el día de hoy.

Como ya eran cerca de las 1930h me fui al apartamento a ducharme y a descansar. Ni cena ni nada. Estaba muerto.

Al día siguiente tocaba mi rutina habitual, paseo para conocer la ciudad. Y he de decir que me encantó. La zona de Töölö está en la parte Norte de Helsinki y el apartamento que había elegido muy cerca del mar, así que lo primero que hice fue ir a pasear en busca de un café que todo el mundo recomienda, el Café Regatta. Y no me extraña que lo recomienden, porque está en una zona super tranquila, con gente corriendo, paseando, navegando en kayak, skiff… Encima tenía un día fantástico con sol y brisa del mar.


Cafe Regatta


Cafe Regatta


Café Regatta


Después tomar un café y croissant, fui en dirección a la playa de playa de Hietaniemi, la más grande de las dos que tiene Helsinki y que, con ese día tan bueno, tenía algunos ‘clientes’. De ahí, atravesando dos cementerios enormes, uno cristiano y el otro ortodoxo, llegué a la famosa Iglesia de Temppeliaukio construida en roca en el interior de una pequeña colina. La cola para entrar era de órdago, así que me conformé con sacar unas fotos del exterior y continuar con el paseo.


Töölö

Playa Hietaniemi


Helsinki


Iglesia Temppeliauku


De cabeza al centro pasé por el Museo de Historia Natural y por el Parlamento de Helsinki (Eduskuntatalo) que se encontraba enfrente de la explanada dónde estaba situado el km 40 del Maratón. De ahí, al Hard Rock para comer un buen solomillo y recargar proteínas.


Museo de Historia Natural


Edificio Gubernamental - Parlamento

Plaza Makasiinipuisto

Biblioteca


Por la tarde tocaba ver iglesias. No es que sea católico y apostólico, pero si me gusta admirar su belleza y los diferentes estilos según dónde te encuentres en el mundo. Primero encontré la Catedral de Helsinki, que es realmente digna de visitar. Tras de un pequeño paseo por el puerto llegué la Catedral Ortodoxa Uspenski que dicen es la más grande de la Europa Occidental.


Catedral de Helsinki


Catedral de Helsinki


Iglesia Ortodoxa Uspenski


Iglesia ortodoxa Uspenski


Continuando con el recorrido eclesiástico y, tras atravesar el Esplanadi Park dónde se encuentra la famosa fuente que simboliza a la sirena Havis Amanda alzada desnuda por unos peces y rodeada de cuatro leones marinos y símbolo de la ciudad, llego a la Iglesia de San Juan que es la iglesia luterana más grande de Finlandia con capacidad para acoger a 2600 personas sentadas. Sus majestuosas torres gemelas tienen 74m de altura.


                           


                          



Pasando del distrito de Ullanlinna al de Kamppi, me planto en la plaza Narinkka, dónde visito la curiosa Capilla del Silencio (Kamppi Chapel), para luego cruzar la plaza Rautalientori donde, aparte de la Estación Central de Helsinki se encuentra el Teatro Nacional y el Ateneum, el museo de arte de Finlandia





Iglesia del silencio (Kamppi Chapel)





plaza Rautalientori


De ahí, atravesando el Jardín Botánico me dirijo al Norte para bordear el lago que se encuentra en el barrio Kallio y tras atravesar un puente sobre las vías del tren, llegar al otro lago que me dejaba ya a los pies del Estadio Olímpico, donde aproveché para hacer un par de bonitas fotos con la medalla en la estatua de Paavo Nurmi y con ello, dar por finalizado un día en el que, según mi Garmin, recorrí 25000 pasos que más o menos es el equivalente a unos 20 kilómetros. No está mal para el día siguiente al Maratón. Pero os voy a decir una cosa. Ese es el secreto para recuperar más pronto. No apalancarse al día siguiente del Maratón. A mí me va fantástico, tanto para recuperar, como para recorrer las ciudades que visito.

















El lunes ya no me dio tiempo a nada, salvo coger el bus 415, que esta vez sí pasó con puntualidad suiza, y que me dejó en el aeropuerto para regresar a Barcelona y dar por finalizada esta nueva aventura y sumar un nuevo Maratón a mi lista.

Ahora viene la prueba definitiva. Saber cómo recuperará mi cuerpo para correr de nuevo en 14 días, esta vez el Maratón de Estocolmo con el que llegaré a la mitad de mi reto de este año. Los gemelos se encuentran bien, pero ahora ha aparecido una pequeña molestia en la rodilla izquierda. Espero que sea simplemente fruto del esfuerzo y de la sobrecarga de los cuádriceps.

Así que, hasta la crónica de Estocolmo, me despido dejando un buen álbum de fotos de Helsinki en GOOGLE FOTOS HELSINKI y el de la carrera en GOOGLE FOTOS MARATON. Las estadísticas completas como siempre en GARMIN CONNECT







NO RETREAT NO SURRENDER