sábado, 1 de junio de 2019

41 ASICS Stockholm Marathon




Estocolmo fue la ciudad elegida para albergar los Juegos de la V Olimpiada, sucediendo de esta manera a Londres que los habían celebrado 4 años antes. Se celebraron entre el 5 de mayo y el 27 de julio de 1912 participando 2407 atletas (2359 hombres y 48 mujeres) Fue la primera vez que se celebraron las pruebas de Pentatlón y Decatlon, ambas pruebas ganadas por el estadounidense Jim Thorpe al que meses más tarde le retiraron las medallas por haberse descubierto que había sido profesional del beisbol, deporte en el que tenía un salario, algo prohibido por aquel entonces para poder participar en los Juegos Olímpicos, ya que estaban concebidos exclusivamente para deportistas amateur.


Ceremonia inauguración JJOO Estocolmo 1912


En el año 1982, durante una reunión del Comité Ejecutivo del COI, Juan Antonio Samaranch propuso que se restauraran las medallas de Thorpe lo que fue aceptado de manera unánime. Dado que Thorpe había fallecido en 1953, las medallas les fueron entregadas a sus hijos.

Y hasta esta preciosa ciudad nórdica de 965.000 habitantes en el 2107, me llevo mi pasión maratoniana para correr el que sería mi Maratón #26 y la sexta de este reto del 2019, el ASCIS Stockholm Marathon.

No llegaba en buenas condiciones. El cansancio de los dos últimos meses ya empezaba a hacer mella en mis piernas y, aunque el último entreno me había salido muy bien, no sabía realmente lo que me esperaba en la carrera. Y ya os avanzo que no fue del todo agradable.

Por si fuera poco, la semana anterior me habían empezado a molestar las varices de la pierna derecha, algo que nunca me había pasado anteriormente. Llevo años con ellas, e incluso estoy operado, pero nunca había sentido dolor. Eso si, en cuanto ponía la sangre en circulación al caminar o correr, el dolor desparecía. Claro que no sabía cuál sería el resultado de someter las piernas a 42 kilómetros y 195 metros.

Así que con esa incertidumbre viajé el viernes a Estocolmo después de haber tenido que cambiar el billete que tenía con la Norwegian por uno con Vueling, por un cambio de horario de la primera que no me permitía recoger el dorsal. Menos mal que avisaron con tiempo y no me supuso un desembolso a mayores.

Para desplazarme del aeropuerto al centro había barajado dos opciones. La más popular y rápida (18 minutos) que es el tren Arlanda Express (€49.00 con descuento), y el autobús Flygbussarna que fue la opción que elegí finalmente y quizás la más acertada ya que por €20.00 tienes billete de ida y vuelta. El trayecto dura poco más de 40 minutos y la frecuencia es cada 10 minutos. En mi caso fue salir de la terminal T2 y encontrarme el autobús justo en la puerta. La parada en Estocolmo está al lado de la estación central, así que para mí era perfecto ya que tenía el hotel allí cerca. Cuenta con app en la que puedes guardar el billete electrónico que escaseas al subir al autobús. Realmente cómoda y recomendable.

En cuanto al transporte público en Estocolmo, la empresa que lo gestiona es la SL que dispone de diferentes tipos de billetes (24h-72h...) También dispone de app, pero ésta sólo te deja comprar billetes sencillos que cuestan unos €4.00, por lo que es recomendable comprar los billetes de cartón en los supermercados de las estaciones o la tarjeta SL Access que se puede recargar con los mismos abonos de 24h 72h etc.. Los billetes son válidos para autobuses, metro (T), tranvía, trenes y ferries (los turísticos no)

Una vez ubicado en la ciudad y con la maleta en el First Hotel Kungsbron, me fui directo al estadio a recoger el dorsal. Aunque no es lo más indicado el día antes del Maratón, decidí ir caminando, ya que sólo había un par de kilómetros desde el hotel.

Al llegar, lo primero que me impresionó fue el Estadio Olímpico. Me esperaba encontrar un gran estadio en cuanto a dimensiones, y lo que apareció delante mía fue un precioso y coqueto estadio al que desde 1912 sólo le debieron cambiar el césped y la pista. Las gradas, columnas y cubierta de madera y sólo tenía 18 filas. El palco parecía sacado de Juego de Tronos. Me quede totalmente enamorado. A pesar de su reducidísima capacidad, con sólo 14000 localidades, es el estadio que más records mundiales ostenta (83 en el 2008). Y ahí, en ese marco incomparable, era dónde al día siguiente debería cruzar la línea de meta.












Después de una breve visita al estadio, me acerque a la zona Expo que estaba situada en otro estadio anexo. Sería también nuestra zona cero el día del Maratón para dejar las bolsas y entrar en los cajones.

La Expo no era demasiado grande. Su stand principal, evidentemente era el de ASCIS, muy parecido (si no el mismo) que el que se montó en Barcelona. El dorsal te lo imprimían al momento y en esta ocasión te daban un chip retornable para colocar en las zapatillas.





Había unos cuantos stand de otros maratones, entre ellos el de Barcelona, pero en el que me paré fue en el del Gran Canaria Maratón, dónde estuve hablando con Juan que, casualmente vivía allí y además me comentó que me había visto en Helsinki hacía dos semanas (la Celeste me delata :) Y gracias a sus recomendaciones  el Domingo pasé un par de horas fantásticas en el Crucero Bajo los Puentes que luego os detallaré.


Amplia zona Expo


No había mucho más que hacer por allí, así que de nuevo regresé caminando hasta el hotel para ya quedarme a descansar hasta el día siguiente.

Si el viernes al llegar, lucía un sol esplendoroso, el sábado cuando me levanté ya no lo hacía tanto. La previsión era de nubes, sol por momentos y lluvia. O sea, de todo un poco. Desayuno en el hotel y salgo tranquilamente hacia la Expo, esta vez en metro.

La riada de gente era impresionante y el metro iba lleno hasta los topes. No era para menos, porque la organización había anunciado 16000 inscritos. Aún así, todo fue muy fluido. Dejé mi bolsa sin problemas y el acceso a los cajones muy ordenado. Justo antes de entrar en el mío, me encuentro con un par de murcianos con los que estuve charlando un rato. Otros trotamundos como yo, que llevaban unos cuantos maratones en sus piernas.




En los cajones se estaba de lujo, ya que habían puesto baños portátiles. Todo un detalle para esas necesidades de última hora. También había una mesa con agua, para no salir con la garganta seca.

Esta vez la salida era a las 1200h, algo tarde, pero mejor hora que las 1500h de Helsinki. La animación por megafonía y la música eran espectaculares y a las 1200 en punto escuchamos una salva con la que se daba inicio a la carrera.

Los primeros kilómetros como siempre de tanteo. Con 16000 corredores, aún a pesar de los cajones, hay que ir con cuidado de no tropezarse y buscar un ritmo cómodo. Ahí ya se intuía que la carrera no iba a ser fácil porque empezábamos a encontramos con toboganes.

No iba especialmente suelto y el primer parcial de 5K lo paso en 28'18" casi un minuto más lento de lo que inicialmente era mi tiempo previsto más optimista, 27'00". Aún así, no estaba nada mal teniendo en cuenta que poco antes del km 5 tuve que parar a 'fer un riuet'


Primeros kilómetros más o menos bien


Pero no me encontraba cómodo y los toboganes continuaban por la ciudad, sobre todo cuando nos acercamos al río. El segundo parcial lo hago un poco mejor a 28'09" aunque por mi cabeza ya rondaba la idea de que no iba a ser mi día. Ese tramo es uno de los que tendríamos que repetir al final del Maratón, del km 35 al 41. Los primeros 4K eran bastante llanos, pero los dos del 13 al 14 y del 40 al 41 eran en subida constante.

El tiempo la verdad es que acompañaba, porque estaba nublado y hacía un poquito de fresco sin ser frío. No era el calor agobiante de Helsinki aunque el sol apareció en algún momento antes de ponerse a diluviar cuando íbamos por el km 32. Pero aún quedaba mucho para llegar ahí.

En el km 12 tuve que parar en un baño portátil a hacer necesidades mayores. Desde Marrakech no me había pasado. Ahi perdí unos cuantos minutos, y el km 15, en el que dejábamos atrás el Estadio Olímpico al que volveríamos después para terminar el Maratón, lo paso en 1h28m09s con un parcial 5K de 31'43".

He de comentar que los avituallamientos estaban muy bien organizados. Mesas bastante largas y con agua y bebida energética en vasos de cartón. Avanzada la carrera había azúcar, plátanos, naranjas, etc. La verdad es que la organización es de Maratón Gold, pero me imagino que no querrán pagar el canon que pide la IAAF para dar la etiqueta.

Llegaba una de las partes duras del circuito, el parque Ladugardsgardet dónde estaba la antena gigante de TV y con constantes y empinadas, subidas y bajadas. Eso sí, el paisaje era muy bonito, ovejas pastando incluidas.

Por mi cabeza ya sólo pasaba el pensamiento de cuántos minutos me iba a ir de las 4h, porque sabía que no tenía el día. Las piernas cansadas y mi vejiga floja. De nuevo, otro 'riuet'.

Atravesando un pequeño puente pasamos al Djurgarden uno de los parques (o más bien bosques) más visitados de la ciudad, dónde se encuentra el poblado Skansen, el Abba The Museum, el Vassa Museum y el Museo Nórdico. El tranvía 7 es la mejor opción para llegar ahí.

Pero nosotros no íbamos precisamente en tranvía y el kilómetro 21 se hacía de rogar. Antes, el paso por el km 20 marca un parcial de 29'39". Había mejorado un poco, pero iba realmente mal y lento. El medio maratón lo paso en 2'04'31".


En el km 22 el tema ya se había complicado un poco


Teniendo en cuenta que no iba a doblar tiempo, y el cansancio que notaba, la previsión más optimista en ese momento era bajar de las 4h30m. Así que intentando olvidarme un poco del cansancio y los dolores que ya empezaban a aparecer en las piernas, seguí liquidando kilómetros a trote cochinero.

Debíamos pasar de nuevo por el muelle de cruceros fluviales de Estocolmo para cruzar Gamla Stan, el barrio antiguo y llegar a Sodermalm, la zona más bohemia de la ciudad. Lo que nadie nos había dicho era el pedazo de subida que había que hacer para pasar de una isla a la otra. Realmente demoledora. Poco después se encontraba el km 25 en un larguísimo falso llano. El parcial se me había ido de nuevo por encima de los 30', a 31'12" concretamente y el Maratón empezaba a dejar de ser divertido para pasar a una fase en la que lo único que pensaba era en llegar a la meta y terminar.

Al final de esa larga recta, en la que circulábamos en paralelo con los corredores que ya habían pasado por el km 30 (psicológicamente minaba bastante), y tras un giro de 90º, empezamos un descenso muy empinado que nos dejaba a los pies de la terminal de cruceros. Como me había estudiado el recorrido, sabía que esa  bajada, nos la iban a cobrar tarde o temprano. Y no tardaron mucho. Dos aburridos kilómetros por la terminal de cruceros y una subida en curva realmente demoledora para volver al centro de Sodermalm y, tras atravesar un túnel, llegar al kilometro 30, un punto importante psicológicamente, porque ya sólo te quedan 12K y sabes que, aunque sea andando, ya vas a llegar a meta.



En el km 35 ya no era persona

El parcial de esos 5K fue 32'34". Iba de mal en peor y ya muy escaso de fuerzas. Aún así no había dejado de correr en ningún momento, salvo para hacer mis necesidades. Pero eso poco duró, porque en el km 32 una nueva subida bastante empinada, acabó con mi paciencia y saque la bandera blanca. La subí caminando y al llegar arriba, aprovechando la bajada, volví a iniciar la marcha. Iba a ser la primera de unas cuantas caminatas.

Y la segunda, poco después, cuando bajo la intensa lluvia, divisamos el Vasterbon Bridge, el puente más largo y empinado de la ciudad que une Sodermalm con Kungsholmen por donde ya habíamos transitado en el inicio de la carrera.

De nuevo hasta que no coroné el puente no me puse a correr, por llamarlo de alguna manera, y poco a poco, con mucho esfuerzo llegué al km 35 con un parcial de 36'39". Ya me veía más cerca de las 5h que de las 4h30m, pero tiré de afouteza y fui liquidando kilómetros como podía.


Intentando visualizar el cartel del km 40



El km 40 estaba situado al final de otra subida y marco un parcial de 36'15". A partir de ahí, cambio el chip y tiro de reservas para subir el ritmo y, al menos, entrar dignamente en el Estadio y dar dos cuartos de vuelta disfrutando de la que iba a ser mi Maratón número 26. Cruzo la meta en 4h27m57m, mi peor marca hasta el momento, pero una de las más sufridas. Aunque era lo de menos, proporcionalmente no quedé tan mal, porque llegué en el puesto 6300 de 12353 llegados a meta, o sea, más o menos en la mitad.




Feliz en el tartán del Olímpico


Besito para mis dos amores


Por fin!!!


Nada más recoger la medalla, me encuentro con dos chicos de Madrid, también trotamundos (uno de ellos había corrido 4 veces NYC) y me confirman que no me estaba buscando excusas, que el circuito era muy duro. Eso sí, he de decir que no tanto como para haberme ido tanto de las 4h, pero teniendo en cuenta que era el segundo maratón en 15 días y que el anterior en Helsinki ya había sido duro, la verdad es que tengo que estar contento.



Mordisco a la #26




Me fui con ellos charlando a recoger la camiseta y la bolsa con bebida y comida y luego nos despedimos. Yo recogí mi bolsa con la ropa y me fui al Estadio Olímpico a ver cómo seguían llegando corredores y a disfrutar del ambiente. Por cierto, tanto el depósito como la recogida de la ropa sin cola, lo cual es digno de alabanza porque éramos 16000 corredores. También había la opción de dejar objetos de valor (carteras o móviles) en un sobre en unas carpas habilitadas exclusivamente para eso.

Después de un buen rato viendo las caras de felicidad y alguna de sufrimiento tras cruzar la meta del Estadio Olímpico, me fui hasta el  metro para regresar al hotel a ducharme y a descansar un poco, antes de salir para cumplir con mi tradición de brindar con todos vosotros en el Hard Rock Café.



Ahí va el brindis


Ojo a la política de empresa :)


Al día siguiente, con las piernas muy cargadas, tocaba visitar la ciudad. Es algo que no perdono, y la verdad es que las piernas, aunque sufren un poco, al cabo de tres días están como nuevas. Yo se lo recomiendo a todo el mundo. Que no se queden en casa o en el hotel tirados en el sofá o en la cama. Al día siguiente hay que caminar para activar las piernas. Concretamente, ese día, según mi reloj, caminé nada menos que 18K. Eso sí, de vez en cuando una pausa para un agua o una cervecita.

Lo primero que hice fue ir hacia el muelle de cruceros fluviales para hacer el crucero fluvial 'Under the Bridges' (€26.00) que me había recomendado Juan. Era algo que no estaba en mis planes y la verdad es que me alegro mucho de haberlo hecho. Se lo recomiendo a todo el mundo. Es una forma diferente de ver la cuidad pasando por 9 de sus múltiples puentes y con unas perspectivas muy diferentes de cuando vas paseando. Primero fuimos hacia la zona de Djungarden para luego ya pasar por un pequeño canal entre Henriksadal y Sodermalm que nos dejaba en un lago interior rodeado de naturaleza y edificios sostenibles tras pasar por una pequeña esclusa.












Después fuimos en dirección al puente Vasterbon que tanto me había costado subir el día anterior. Pasando por debajo llegamos de nuevo al centro de Estocolmo, pero esta vez por su lado oeste, con unas vistas espectaculares de la parte antigua y del Ayuntamiento y su famosa torre. Tras un giro de 180º regresamos por dónde habíamos venido para cerrar un relajarte paseo de casi 2 horas en los que con los auriculares podías escuchar la historia de la ciudad.










Una vez finalizado el paseo en barco y tras pasar por St. Jacobs Kyrka,  el edificio de la Opera y el Palacio Real, llego hasta la Catedral de San Nicolas y la iglesia Riddarholmskyrkan desde la que ya me dijo a la estación de metro de Gamla Stan, para ir a la zona del rio en Sodermalm que había visto desde el barco. Me bajo en Medborgarplatsen y de ahí voy caminando hasta Skanstul dónde bajo a la zona del río dónde se encontraba el complejo Eriksdalsbadet de 27000 m2, con un pabellón de natación con piscina olímpica y una zona exterior con dos piscinas más y unos jardines dónde la gente se relajaba disfrutando del sol.



Eriksdalsbadet




Unos metros más abajo estaba el embarcadero y un paseo fluvial por el que transitaban corredores, paseantes, bicicletas y hasta alguna que otra familia de patos. En 10 minutos, pasabas del tráfico de la ciudad a estar en plena naturaleza. Una maravilla.

Después de un relajarte paseo, me dirigí a la estación de Skanstul desde dónde decidí iniciar la ruta del metro. Era algo que tenía previsto hacer el lunes por la mañana, pero por si luego iba justo de tiempo decidí adelantarlo. Y la verdad es que hice bien, porque no me hubiese dado tiempo.

No hay un orden fijo, pero sí que hay algunas estaciones que realmente merece la pena visitar y pasear para ver las obras de arte con las que se han decorado. Las estaciones que están decoradas están casi todas en la línea azul, aunque hay algunas como la del Estadio Olímpico que pertenece a la roja. Yo visité Central Station, Kungstradgarden (quizás las más espectacular) y Radhuset para terminar en Solna, un barrio en las afueras de Estocolmo en el que se encuentra el Mall de Scandinavia y el Friend's Arena, campo de fútbol con techo retráctil y en el que el Celta estuvo a punto de jugar la Europa League en el 2017. Lástima que aquel último balón del Tucu en Old Trafford no entrase...
















Friends Arena


Y de ahí, totalmente agotado después de haber caminado según el reloj 17 kilómetros, me fui al hotel a dormir porque todavía quedaban un par de cosas que hacer al día siguiente antes de coger el avión de regreso.

El lunes no tenía mucho tiempo porque a las 1300h tenía que estar en el hotel para recoger las cosas y subir al autobús que me llevaría al aeropuerto de Arlanda, así que después de disfrutar de un fantástico desayuno en el hotel, me fui en busca del metro para ir a ver algo único en el mundo: Ericsson Globe

Globen es el edificio esférico más grande del mundo y alberga un auditorio de conciertos con capacidad para 16.000 espectadores. En él se celebraron los Europeos de Atletismo en Pista Cubierta de 1996 y otros muchos eventos deportivos, desde baloncesto y balonmano, hasta patinaje artístico o hockey hielo. Por su escenario pasaron figuras como MUSE, Bruno Mars, Depeche Mode, Lady Gaga, Radiohead, Green Day y muchos otros.  Tiene un diámetro de 110m y una altura de 85m y por sus paredes exteriores circulan dos esferas que pueden transportar hasta 15 personas y desde las que se puede contemplar una fantástica vista aérea de todo Estocolmo por sólo €16.00. Desde luego para mi, era una visita obligada.


Ericsson Globe

Panoramic Stockholm

Panoramic Stockholm


Al lado, se encuentra el Tele2 Arena, un estadio inaugurado en el 2013 y que  cuenta con techo retráctil y una capacidad para 33.000 espectadores, aumentando a 45.000 en caso de conciertos musicales. Por su césped artificial pasaron artistas tan diversos como Madonna, Avicii o Iron Maiden. Dos días después de mi regreso estaría actuando allí mismo Bon Jovi dentro de su gira 'This House is not for Sale'



Tele2 Stadium

Tele2 Stadium



Tras esta breve visita, regresé al centro de Estocolmo para coger el tranvía #7 que recorre la zona de los cruceros fluviales partiendo de la Central Station y llegando hasta Djurgarden, para luego regresar de nuevo a la Central Station. Una buena forma de ver esa parte de la ciudad usando el bono de transporte público y sin cansarse nada.


Gamla Stan

Abba The Museum

Nordic Museum


Y ya no había tiempo para nada más. Maleta, autobús, avión y de regreso a casa donde, como siempre, me esperaban mis dos amores a las que dedico un Maratón más porque sin su cariño y su apoyo este sueño sería imposible.

Regreso bastante cascado de estos dos intensos meses y ahora tengo un pequeño respiro de 5 semanas hasta el próximo que será en Tenby, Gales el 7 de Julio.

Como siempre, fotos del maratón en GOOGLE FOTOS MARATON, las de la ciudad en GOOGLE FOTOS ESTOCOLMO y las estadísticas del reloj, que no las oficiales, en GARMIN CONNECT






NO RETREAT NO SURRENDER