▷ III CARRERA VÍA VERDE FERROCARRIL 【 2026 】
▷ III CARRERA VÍA VERDE FERROCARRIL 【 2026 】
ESTRENANDO LA VÍA VERDE
Hay carreras que uno apunta en el calendario por la marca, otras por el ambiente y otras porque el recorrido promete una experiencia distinta. La III Carrera Vía Verde Ferrocarril tenía un poco de las tres cosas. Era mi estreno en esta prueba, entre San Tirso de Abres y A Pontenova, siguiendo la antigua traza ferroviaria. En el papel aparecían puentes, túneles y un paisaje de valle que daba a la carrera un carácter muy diferente al de un diez mil urbano. En la práctica, además, llegaba en un punto concreto de la preparación: la última competición antes de Melbourne.
No era, por tanto, una carrera para salir a improvisar. El objetivo previo estaba definido: correr en torno a 4:45 por kilómetro y, si la distancia se mantenía en los doce kilómetros anunciados, intentar bajar unos segundos de 56 minutos. Era un planteamiento razonable para medir el estado de las piernas sin convertir esta cita en el objetivo de la temporada. Lo importante no era sólo el número final; quería comprobar si podía sostener un ritmo alto con calma, sin que cada pequeño cambio de terreno se convirtiera en una negociación con el reloj.
Dorsal 327 · antes de estrenar la Vía Verde
La tarde empezó con el traslado, el dorsal y ese ambiente de corredores que va creciendo poco a poco antes de una salida. El sol ya estaba alto y, alrededor, el río, los puentes y las laderas daban a entender que aquello no iba a parecerse a una carrera urbana. Me gustaba precisamente por eso. La antigua vía del tren marcaba un recorrido lineal, de ir hacia delante, sin vueltas y sin las referencias conocidas de una carrera que ya has hecho otras veces.
Era mi estreno y tocaba descubrirlo todo sobre la marcha. Los puentes y los túneles formaban parte de la promesa de la prueba, pero el recorrido fue cambiando a medida que avanzaba: zonas abiertas junto al río, pistas y tramos más verdes entre árboles. No era una ruta para correr desconectado. Tenía que mirar el suelo, entender el firme y, a la vez, no perder la referencia del ritmo.
LA SALIDA
La salida no pedía heroísmos. Mi idea era encontrar cuanto antes un paso estable, sin acelerar por la euforia de los primeros minutos. Con doce kilómetros anunciados, un 4:45/km exigía correr con alegría, pero también con paciencia. No quería regalar energía al principio ni llegar a la pista obligado a recuperar segundos. La carrera tenía que construirse con orden: respirar, sostener y esperar a que los kilómetros dijeran cómo estaban las piernas.
Inicio de carrera · la Vía Verde por delante
Los primeros tramos me permitieron entrar en la carrera sin perder ese plan. Había corredores alrededor, referencias que iban y venían, pero mi rival principal era el paso que había elegido. No se trataba de ganar una aceleración puntual ni de perseguir a quien tuviera delante. Se trataba de no descomponer el ritmo cuando el recorrido dejara de ser cómodo.
Y lo dejó pronto. Aproximadamente seis kilómetros fueron por pista, un firme en el que no podía correr igual que sobre asfalto. No era una cuestión de buscar excusas: el apoyo era menos regular y cada zancada pedía un poco más de atención. En ese momento la tentación es mirar el reloj, ver que el parcial se mueve unos segundos y querer recuperarlos de golpe. Preferí no hacerlo. Mantener el esfuerzo alto ya era bastante; la clave estaba en que la pista no rompiera mi carrera.
CUANDO EL FIRME PIDE PIERNAS
Entre vegetación, con el camino más cerrado y el terreno marcando la zancada, la carrera se puso en su sitio. No buscaba correr bonito; buscaba correr eficiente. Seguir compacto, no gastar más de la cuenta y conservar la sensación de control. El esfuerzo estaba ahí, como tenía que estar, pero no sentí que el ritmo se deshiciera. Eso era lo importante: poder mantener una exigencia alta sin que los cambios de superficie me sacaran de la carrera.
Eso me obligó a correr más por sensaciones que por la obsesión de ver un parcial perfecto. En las zonas más rápidas podía dejar que el ritmo respirara; en la pista tocaba defenderlo sin endurecerme de más. La diferencia parece pequeña desde fuera, pero durante una hora es la que separa una carrera controlada de una tarde en la que vas corrigiendo errores. Esta vez no tuve que hacerlo. Fui encontrando mi sitio en cada tramo y llegué al final con la sensación de haber corrido lo que el recorrido permitía.
Al soltar el último esfuerzo quedó ese segundo de calma que llega justo después de cruzar. No necesitaba adornar más el resultado: había sido una hora de trabajo bien colocada. El ritmo fue alto, la pista obligó a correr con cabeza y las piernas respondieron. Para una carrera de preparación, ésa era la mejor conclusión posible.
META
Al llegar a meta, el resultado necesitaba leerse con contexto. El tiempo oficial fue de 1:00:00, pero el reloj marcó 12,60 kilómetros en 1:00:02, a una media de 4:46/km. La distancia no fueron los doce kilómetros anunciados; había unos seiscientos metros más. Por eso las cuentas iniciales de bajar de 56 minutos dejaron de tener sentido tal cual estaban planteadas. No había que forzar una interpretación: la carrera real había sido más larga.
Me quedo con el 4:46/km porque resume bien la tarde. Salí con la intención de correr a 4:45/km y terminé a un segundo de ese ritmo, sobre 12,60 kilómetros y con media carrera por pista. El perfil tampoco permitía olvidarse del recorrido: se movía entre los 30 y los 90 metros de altitud, lo suficiente para que no fuera una línea plana de principio a fin. No era montaña, pero tampoco una carrera de poner el piloto automático y esperar la meta.
Entrada en meta · el último esfuerzo de la tarde
Meta · una hora de trabajo bien sostenido
También me llevo el recorrido. Correr junto al río, pasar por los puentes y avanzar por una vía verde tiene una personalidad que no se encuentra en cualquier prueba. El paisaje no hace que las piernas pesen menos, pero sí cambia la manera de vivir la carrera. Aun cuando el esfuerzo apretaba, había momentos para levantar la mirada y recordar que no estaba corriendo en cualquier parte.
MELBOURNE YA ESTÁ MÁS CERCA
Con esta carrera cierro las competiciones previas a Melbourne. El 11 de octubre es el siguiente gran horizonte y, desde aquí, toca mantener las piernas tonificadas, conservar el punto de ritmo y llegar allí con tranquilidad. Esta Vía Verde cumplió exactamente su función: me dejó una hora de esfuerzo alto, un recorrido que exigió atención y la confirmación de que puedo sostener el ritmo incluso cuando el terreno no es perfecto.
Después de meta quedaba la calma de saber que la carrera había salido como debía. Seguía con el dorsal puesto, el sol de la tarde era el mismo de la previa y el paisaje parecía otro porque ya no había que correr contra nada. La III Carrera Vía Verde Ferrocarril se queda en 1:00:00 oficial, 12,60 kilómetros reales, 1:00:02 de reloj y 4:46/km. Yo me quedo, sobre todo, con que el camino hacia Melbourne también pasó por una antigua vía de tren.
Resultado oficial · 1:00:00
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