domingo, 19 de noviembre de 2017

Marabana







Mi recorrido maratoniano me lanzaba esta vez en tierras caribeñas, concretamente en La Habana donde cada año se celebra el MARABANA en colaboración con la organización del MAPOMA. No era un Maratón que tuviese en mente pero aprovechando que mi amigo Víctor AKA ‘Nukis’ iba a estar de vacaciones por Cuba tres semanas, decidí acompañarlo los primeros días de su aventura para correr juntos los 42,195. Nunca había estado en Cuba, así que era una magnífica oportunidad de conocer esa tierra que nos hermana.

El viaje comenzó un poco accidentado por el descontrol de Air Europa. Había reservado ya en Junio ventanilla de emergencia para poder estirar las piernas, viajar relajado y más o menos descansado, y a la hora de facturar resulta que la habían vendido 3 veces!!!! La explicación fue que el sistema no había grabado las dos primeras (la mía y la de una señora que había reservado por teléfono) y en cambio sí grabó la de un señor que la había pedido esa misma mañana. Tras mucho protestar y en vista de que no iban a solucionar nada, me tuve que ir resignado con un asiento de pasillo estándar. Al final en Madrid parece que mi cabreo surtió efecto y a la hora de embarcar, aunque me dieron pasillo, pude ir en salida de emergencia y estirar las piernas todo lo que quise. No dormí casi nada en este viaje diurno pero si aproveché para ver la mitad de la primera temporada de la serie Westworld. Muy creativa la verdad.

Y tras la escala en Madrid y 10 horas y media de vuelo, aterrizamos en el Aeropuerto José Martí de La Habana. Tras los trámites aduaneros salgo al hall y no me podía creer el caos que allí había. Mogollón de gente apilada que apenas dejaba salir a los pasajeros. Y mogollón de gente cambiando moneda. Afortunadamente en información me dijeron que podía cambiar en la ciudad porque algunos taxis aceptaban euros, así que tras negociar con uno compartí taxi con dos chicos cubanos y uno colombiano de Bogotá que también iban al centro por 20 euros cada uno. Creo que el taxista hizo el mes, sobre todo con ellos :) Por cierto, uno de ellos también iba a correr el Marabana y estaba muy interesado por la situación de Cataluña.  

Lo primero que he de recomendar llegado a este punto, es que no os compliquéis la vida con paseos para buscar un autobús ni cosas por el estilo. Por 20 euros te llevan al centro y vas tan tranquilo. El tema de la moneda es un poco lioso al principio, pero una vez te acostumbras no hay problema. Al ser turista casi todo el mundo te cobrará en CUC (algo menos de un euro), aunque si quieres ahorrarte algo de dinero, podrás encontrar alguna tienda o bar en el que puedas pagar en CUP, la moneda nacional, con lo que te ahorrarás bastante (1CUC = 24CUP) Pero no te dejarán pagar todo en moneda nacional, ni los taxistas te cobrarán en ella, y si lo hacen, te harán la conversión y acabarás pagando lo mismo. En los autobuses sí que la aceptan y cuestan 40 céntimos de CUP, algo así como 2 céntimos de Euro. Eso sí, ya podéis ir preparados para aguantar colas y apretones :).  

Dicho esto, continúo con el relato. Al llegar a la calle donde había alquilado con Airbnb ya empecé a conocer un poco las costumbres. Buscando el número del portal se me acerca un cubano para ofrecerme su casa para dormir. Le doy las gracias y me ayuda a buscar el número de mi portal. Cuando me acerco una voz me llama por mi nombre. Era Bárbara, la suegra de Jerome que me esperaba para darme las llaves. Subimos, hacemos el registro y quedamos para el día siguiente para cambiar dinero.

El apartamento estaba muy bien con un largo pasillo que lo cruzaba por completo. Tenía un hall/salón con una TV grande, luego pasabas por la cocina muy bien equipada con nevera, micro y cafetera, después estaba el baño, una habitación y una segunda habitación que tenía un balcón a la calle desde dónde se podía ver el Capitolio. Como había llegado el primero, me tomé la libertad de coger esta habitación :)


Al día siguiente me reúno con Bárbara para ir a cambiar moneda, ya que los CUC y CUP sólo se pueden cambiar dentro de la Isla. Me lleva a la concurrida calle Obispo, la arteria principal de ‘turisteo’ de La Habana y después de una pequeña cola, cambiamos y nos vamos a desayunar. Nos despedimos y yo me dirijo directamente al famoso Malecón. La primera impresión es que es muuuy largo y la siguiente, qué destrozado que está. Pavimento, edificios y todo en general. Bueno, quizás es parte de la belleza.

Centro de Arte Gallego


El Capitolio


El Malecón

Caminando y caminando, llego hasta el monumento de Antonio Maceo dónde encuentro a Ernesto, un profesor que estaba allí haciéndose un par de fotos. Empezamos a charlar y me presenta a su amigo René, músico percusionista que participaba en un proyecto cultural iniciado en los años 90 por el pintor, escultor y muralista Salvador González Escalona. Era el famoso Callejón de Hamel, una de las visitas obligadas en La Habana. Allí se pueden encontrar cuadros, esculturas, restaurantes y también se pueden presenciar actuaciones musicales y artísticas. Nos vamos juntos allí y comiendo, me van contando cómo es la vida en Cuba. Complicada. Ernesto, como profesor ganaba el equivalente a 10 euros al mes y René se buscaba como podía la vida de percusionista, aunque éste tuvo la suerte de viajar fuera gracias a un contrato con un grupo musical, conociendo NYC y Londres. Entre otras causas, la recaudación por venta de CDs y aportaciones de los visitantes del Callejón de Hamel va para una asociación de niños con síndrome de down. Tras la sobremesa nos despedimos, aunque quedé con René para el día siguiente.


Monumento Antonio Maceo


Con Ernesto y René


Callejón de Hamel


Volví de paseo a casa a descansar un poco y luego volví a salir a dar una vuelta por la zona del Museode la Revolución y la parte del Malecón que estaba enfrente a la Fortaleza ElMorro, antes de volver a casa ya para esperar a Nukis y a Pedro ‘El Fiera’, un viajero que conoció por internet y con el que iba a hacer todo el resto del viaje. Llegaron bastante tarde y nos despedimos de Pedro hasta el día siguiente ya que él estaba en otra casa. Nukis y yo salimos a tomar una hamburguesa y a intentar conectarnos a la WiFi  en un parque cercano al apartamento para luego irnos a dormir.



Museo de la Revolución


Grupo percusionista callejero


El Sábado tocaba la recogida del dorsal, pero antes nos pegamos un buen desayuno y también nos dimos unos buenos paseos por La Habana, pasando por El Capitolio, recorriendo el Malecón y llegando hasta el Hotel Meliá que era dónde se encontraba el centro neurálgico del Maratón. Vamos, justo lo que no hay que hacer el día antes de un Maratón :)

La recogida del dorsal fue realmente tranquila, sin cola y sin ningún problema. La verdad es que no éramos muchos participantes. En total, sumando 10K, Medio Maratón y el Maratón, sumábamos unos 5000, de los cuales, únicamente 400 corríamos el Maratón.

Explorando la zona de salida/meta


Dorsales preparados
Como no nos íbamos a ir de La Habana sin montar en un coche antiguo, cogimos uno que estaba cerca del hotel para volver al centro, dónde recorrimos de nuevo la calle Obispo y llegamos al casco antiguo que está todo reformado y es bastante bonito. Vimos el Museo de Ron Havana Club aunque no pudimos pasar del hall de entrada porque estaba cerrada. Como al día siguiente había que madrugar, nos despedimos de Pedro que se fue de fiesta y nosotros a descansar.


Los Reyes de La Habana :)


Paseo en coche clásico

 
Plaza Vieja


Museo del Ron


Convento San Francisco de Asis




EL MARATÓN


Y llegó el Domingo del Maratón. Amaneció ‘fresquito’ con 17ºC a las 0700 de la mañana y ya luciendo el sol. La verdad es que no pintaba nada bien, porque si hacía ese calor a las 0700h, a eso de las 1200h estaríamos a casi 30ºC y así fue.

La zona de salida y meta estaba situada enfrente al Capitolio y aunque llegamos con bastante tiempo, ya había un montón de gente por los alrededores, calentando, escuchando música y algunos incluso fumando. En fin, que se ve de todo en las carreras.



Recién llegados a la zona de salida


Estiramos un poquito y el calentamiento nos lo saltamos que bastante aliente estaba ya el ambiente. Según se acercaba la hora iban llegando más y más corredores que se apresuraban a ponerse en la línea de salida. Nosotros no teníamos especial prisa ya que íbamos a llevar un ritmo tranquilo, rondando los 5’30” para terminar un poco por debajo de las 4 horas. Así a todo le digo a Nukis que nos vayamos colocando que luego tardamos un siglo en salir. Me comenta que la mayoría de los que están delante correrán la carrera de 10K así que saldrán bastante más rápido que nosotros. Tenía lógica. Y digo tenía, en pasado, porque resulta que dan la salida y el 90% de los que estaban por delante no sólo no iban más rápido que nuestro muy tranquilo ritmo, sino que iban realmente lentos, con lo que el primer kilómetro nos costó muchísimo siquiera poder correr.

Listos para una nueva aventura!


Una vez superado ese atasco inicial ya nos plantamos prácticamente en el Malecón y justo antes, nos adelanta David, un chico de Madrid con el que habíamos coincidido en la calle Obispo que estaba comprando unas tarjetas de internet. Comentamos un par de cosas y nos despedimos porque él iba a más ritmo.

Nosotros íbamos bien, contentos, grabando el video con la GoPro y realmente disfrutando de la carrera. Evidentemente, a esas alturas todo es alegría. Tras recorrer los 7 kilómetros completos del Malecón, hacemos un giro de 180º bordeando un parque para dirigirnos durante un kilómetro en sentido contrario y luego girar a la derecha para enfilar lo que allí llaman ‘las lomas’ que nos dejarían a los pies de la Ciudad Deportiva. Bien, pues esas lomas eran mortales. Otros 7 kilómetros de continuo sube-baja y algunas bastante largas y empinadas. Le comento a Nukis que en la segunda vuelta ahí lo íbamos a pasar mal porque sería justo el kilómetro 29 y las fuerzas ya no iban a ser las mismas.

Pero no nos adelantemos que todavía estábamos en el kilómetro 9. Poco después, en la grabación del kilómetro 10 (grabábamos cada 5K), se nos une Michele, un francés que iba más o menos a nuestro ritmo. Más o menos nos fuimos entendiendo y resultó ser también un maratoniano aventurero. Con él hicimos los siguientes 4 kilómetros hasta que nosotros paramos un momento a descargar líquidos justo en la zona que bordea la Cuidad Deportiva y después de haber tenido un pequeño incidente con un tren que cruzó por el medio de la carrera. Era de mercancías e iba muy lento, pero a los que pilló por detrás los dejó clavados. Menos mal que llevaba sólo dos vagones. Nosotros hicimos un pequeño srpint y logramos pasar por delante.

Tras quedarnos aliviados, continuamos la carrera encarando el kilómetro 15. De momento todo iba en orden, aunque el calor empezaba a apretar. Comentar que, a diferencia de otras ediciones, los avituallamientos eran con botellas de plástico y no con bolsas de agua. Lo que sí nos daban en bolsa era la bebida energética que, por cierto, era de naranja y estaba muy rica.

Poco después del km 15 pasamos por la Plaza de la Revolución y, aunque ya no había lomas, el circuito seguía subiendo y bajando, esta vez en forma de falso llano. Nuestro ritmo era bueno e íbamos rondando los 5’30” previstos, aunque el calor se empezaba a notar. Tras recorrer la larguísima Avenida Salvador Allende, nos plantamos prácticamente de nuevo en el Capitolio para finalizar la primera vuelta y pasar el Medio Maratón. Había un ambiente extraordinario y, la verdad, una acumulación de gente y corredores justo al pasar por el arco de meta que complicaba un poco el paso de los que teníamos que dar una segunda vuelta. Pasamos el arco en 1h54m15s, prácticamente clavando el tiempo previsto de 1h55m.

Y ahí llegó uno de los momentos más curiosos que he vivido en mis aventuras maratonianas. De repente, lo que era un ambientazo tremendo se convierte en un paisaje algo desolador. Sólo un kilómetro después, cuando enfilamos por segunda vez el Malecón, ya no había prácticamente gente. Pero no sólo eso. Es que no había prácticamente corredores. Nos habíamos quedado los 400 del Maratón y claro, esparcidos a lo largo de los 21K de la segunda vuelta, pues daba como resultado que había tramos en los que no veías a nadie delante en medio kilómetro o más.

Las fuerzas ya no eran las mismas y un suave viento en contra tampoco ayudaba, aunque refrescaba un poco. Liquidamos como podemos el Malecón, pero yo ya con la idea de tomar un pequeño descanso al pasar por el avituallamiento del km 30. Dicho y hecho. Ese avituallamiento lo pasamos andando para beber bien, tranquilamente y afrontar por segunda vez ‘las lomas’. Nukis la verdad es que iba mucho mejor, así que se dedicó a hacer un muy buen reportaje fotográfico.

Poco después nos llevamos la agradable sorpresa de ver a Michel unos metros más adelante. El Maratón le estaba pasando factura y le habíamos recuperado el tiempo perdido en la parada de la primera vuelta. Lo alcanzamos y le ayudamos a recuperar el ritmo. Nukis seguía bien y Michel y yo estábamos librando una dura batalla contra el Monstruo.

En esta segunda vuelta el tráfico ya estaba parcialmente abierto y había policías controlando los cruces, pero lo que nadie controlaba era la polución que no dejaba respirar bien del todo.

En el km 36 había un avituallamiento con voluntarios dando masajes de hielo, así que ni me lo pensé. Paré un momento para recuperar un poco las piernas y Michel siguió el mismo camino. No era un masaje en sí, simplemente te frotaban hielo por las piernas que venía genial para refrescar un poco. Como os podéis imaginar, los ritmos y la media se habían desplomado y ya teníamos claro que no bajaríamos de las 4 horas. La carrera ahora consistía en no irmos muy lejos de esa marca.

Un kilómetro más tarde pasamos de nuevo por la Plaza de la Revolución después de que casi me atropellase un coche y en el km 38, dejando atrás la Calzada de Ayestarán ya girábamos a la derecha para enfilar por segunda vez la Avenida Salvador Allende. Ahí ya empezaba a oler la meta, así que me armé de valor y, sabiendo que Nukis no tendría problemas para seguirme, aumenté un poco el ritmo y a pasar por la marca del km 41, lo subí mucho más, sacando fuerzas de no sé dónde, y poniéndome a 4’30” prácticamente mi ritmo de 10K. Y con ese arreón final y muy contento crucé la línea de meta con Nukis detrás grabando todo. Un poquito después llegó Michel con quien nos fundimos en un abrazo y nos sacamos una foto para la posteridad. Maratón #18 terminado y ya con la cabeza puesta en Tokyo.


Nueva mordida celeste!

Con nuestro compañero de aventura Michel



El gran corredor cubano Acosta


Como comentario final, decir que el Maratón está muy bien organizado por la gente del MAPOMA, teniendo en cuenta los medios y que es un Maratón modesto. Yo contacté con ellos por email para intentar conseguir el dorsal 150 ya que esa iba a ser mi carrera oficial número 150 y David me atendió genial, aunque luego por un despiste mío de no recordarle a tiempo lo del dorsal, me quedé sin él. No importa. Lo importante es la buena intención.

El lunes tocó visitar la Plaza de la Revolución para acercarnos después a la estación de autobuses Vía Azul para buscar el billete de Nukis y Pedro que se marchaban de la Habana el miércoles. Tras una pequeña discusión con los coco-taxis en el Capitolio, cogimos un taxi que nos llevó a la Plaza de la Revolución y después de una buena aventura en un bus urbano, nos fuimos a comer al Restaurante Ideas de Liván, un amigo cubado de mi amigo Erik. El restaurante estaba cerquita del Malecón y la verdad es que comimos de lujo. De vuelta al centro, cogimos un taxi con dos chicos muy simpáticos con los que quedamos para que nos llevase a un club de Jazz que conocía Pedro ya que había estado en La Habana anteriormente. Pero antes de esto, nos fuimos al garito que habíamos descubierto el domingo, el Patchanka a tomar unos mojitos del cual ya nos acercamos directamente al Capitolio dónde habíamos quedado con el taxista para ir al Jazz Café, al lado del Meliá, dónde cenamos tranquilamente y pudimos disfrutar de un espectáculo maravilloso. Muy relajante.


Plaza de la Revolución

Plaza de la Revolución


Monumento José Martí



Ya sólo me quedaba un día en Cuba así que lo aprovechamos para conocer la zona de la Universidad, dónde comimos muy bien en el restaurante El Biki, y también para tomar un helado en el Coppelia, la heladería más famosa de toda Cuba, dónde realmente tuvimos un par de momentos bastante graciosos con una señora cubana y luego con el camarero y la ya famosa frase entre nosotros de… ‘5 de naranja y a lo loco!’ También estuvimos dando un paseo por el Callejón de Hamel que Pedro y Nukis no conocían. Por la tarde ya me tocó coger el taxi, para regresar a España y cerrar un nuevo viaje maratoniano en una ciudad realmente digna de ver

Con Pedro y Nukis en el Restaurante Ideas


Jazz Bar


Heladería Coppelia


La verdad es que la experiencia fue muy buena, sobre todo por el hecho de poder compartirla. Normalmente viajo solo y, salvo mis aportaciones en redes sociales, no tengo con quien comentar las aventuras que siempre ocurren. Sumo un nuevo Maratón (y van 18) y un nuevo País diferente (el noveno). Y ahora a planificar mi próximo viaje a correr el Tokyo Marathon en Febrero del 2018!!

Esta vez sí que hay un extenso álbum de FOTOS DEL VIAJE, aunque las FOTOS DEL MARATÓN, son más bien escasas y se reducen a las que hicimos nosotros porque no he encontrado ni una de la Organización. Lástima esa foto entrando en meta... Eso sí, al final del álbum de fotos está el video que hemos grabado durante la carrera. No os lo perdáis!!! Las estadísticas, como siempre, en GARMIN.

NO RETREAT NO SURRENDER