domingo, 30 de octubre de 2016

18 Cursa Bombers




Después de un intento fallido (por la no continuidad) de cambiar el clásico recorrido de la Cursa Bombers el año pasado, el Domingo 30 de Octubre se celebraba su 18ª Edición. Edición atípica por el cambio de fecha, que ya ha comunicado la Organización que volverá a celebrarse, como antaño, en Abril a partir del año que viene.

Llegaba a esta carrera tras el Maratón de Chicago y con unos pocos rodajes previos, sin buscar marca. En vez de eso, había decidido ayudar a mi amigo Victor a terminar su primer diezmil. La idea era bajar de 50', lo cual es un buen reto para un principiante.

El Sábado fuimos a buscar el dorsal, esta vez a Montjuic. Yo ya no sé si quedará ya algún sitio en Barcelona en dónde no haya recogido dorsales, pero la verdad es que siempre aparecen sitios nuevos, lo cual está muy bien ya que evita la monotonía.

Mis chicas dispuestas a apagar cualquier incendio (bueno, la grande ya lleva unos cuantos apagados...)

La Organización, en colaboración con los responsables de Open Camp, decidieron celebrar esa esa entrega de dorsales y aprovechar para intentar captar adeptos a ese nuevo parque temático del deporte que se ha instaurado en Montjuic. Todo muy bien indicado y con camiones de bomberos antiguos a los que se podían subir los pequeños para hacerse fotos. Los bomberos ayudando a que todo saliese bien. Unos cracks y los verdaderos protagonistas de esta carrera. Allí nos encontramos con Alfred con el que estuvimos charlando un rato y también con un corredor que había participado también en el Maratón de Chicago y con el que estuve hablando un rato.

Ya el día de la carrera, nos fuimos los tres con tiempo para aparcar tranquilamente y tomar un café antes de quedar con Victor y Jordi en las inmediaciones del Arc de Triomf.

Los tres mosqueteros

Después de dejar las cosas en mi coche nos fuimos a la zona de salida para decirle a Yoly dónde cogería a Fa para entrar en meta y, sin apenas calentamiento, ya nos tuvimos que ir a los cajones de salida. Todo muy bien indicado y sin problemas. Como Victor no tenía marca previa nos tocaba en el último, pero preguntándole a uno de los voluntarios, nos dejaron meternos en el lila que más o menos era el de los que llevaban el ritmo que nosotros buscábamos.

Sin tanto espectáculo cómo en ediciones anteriores, un poco antes de las 0930 se dio la salida a los bomberos que cargaban con todo el equipo de intervención y a las 0930 se dio la salida de la primera tanda. A nosotros nos tocaba la segunda que salía 3 minutos después más o menos.

Que cracks!!

En principio el ritmo que íbamos a llevar era de 5' para apretar en la segunda parte si Víctor se veía bien. Los tres primeros kilómetros y a pesar del mogollón de gente los clavamos (5'04"-5'02"-5'01"). Justo en el km 3 se encontraba el giro que nos sacaba del Paralel y con el que enfilábamos Floridablanca, un verdadero descanso para las piernas. Ahí subimos el ritmo un poco (4'48") justo antes de llegar al avituallamiento, dónde tuvimos un pequeño contratiempo.

Yo me fui a por el agua que por primera vez nos dieron en vasos de cartón, como en los buenos maratones, mientras Victor continuaba a ritmo por el centro. Tras coger un par de vasos vacíos, pude enganchar dos llenos gracias a la amplitud del avituallamiento. Me llamó poderosamente la atención porque no es habitual ver avituallamientos en 10K tan largos, aunque realmente es como debería ser.

El caso es que bebo mi agua y con la de Victor en la mano empiezo a buscarlo, pero no lo encuentro. Llego a Gran Vía y acelero imaginando que va por delante, hasta llegar al globo de 50'. Miro alrededor pero no lo veo. Se habrá quedado atrás? Me paro un buen rato viendo pasar corredores y pienso que no puede ser que se haya quedado tan atrás, así que acelero de nuevo, vuelvo a coger al globo de 50' y lo adelanto a ver si va por ahí. Todavía con el vaso en la mano, sigo ya a un ritmo más que decente y finalmente decido tirar el vaso y seguir a ese ritmo hasta la meta, porque parecía misión imposible encontrarlo. Pero no, allá por el km 6,5 me lo encuentro corriendo el tío a 4'40", vamos, que me había pegado un latigazo en toda regla mientras yo le iba a por el agua. Que eso no se hace hombre!! ;)

Así que aprovechando la inercia que llevábamos y que estábamos en la parte favorable del circuito continuamos con ese ritmo hasta llegar a Via Laietana dónde todavía apretamos un poquito más teniendo en cuenta que ya sólo nos quedaba kilómetro y medio para la meta. Ahí me adelanté un poco para ganar unos segundos y que me diese tiempo a coger a mi pequeñita para entrar con ella más o menos a la vez que con Victor. Y así fue, ya que nos cogió a escasos metros de la llegada para cruzar en 48'20" casi dos minutos menos de lo que en principio habíamos planeado.

Mi pequeña toda feliz
Víctor que parece que con él no va la cosa :)
A Jordi le hubiese venido bien un ERA de los que llevaban los bomberos :)

En cuanto a Jordi, finalmente volvió a mejorar su marca personal rebajándola en casi un minuto y dejándola momentáneamente en 42'39". Se me acerca a pasos agigantados, pero ahora viene la parte dura por la que todos hemos pasado. Ese punto en el que bajar segundos cuesta un mundo. De todas formas espero que me pase y que incluso llegue a ser Sub 40'. Con todo lo que se está esforzando en alimentación y entrenos, seguro que antes de lo que pensamos lo conseguirá.

Por mi parte muy bien y muy contento. A pesar del fartlek que me metí cuando perdí a Victor, llegué muy cómodo, sin ninguna molestia y prácticamente recuperado al 100% de Chicago. Así que ahora toca mantener el tono muscular para llegar bien a la Mitja del Prat del próximo domingo para luego reducir volumen e intensidad ya a dos semanas del Maratón de Valencia.

Antes de terminar, he de comentar que, habiendo pagado 17 euros por la carrera, no estaría nada mal dar alguna bebida energética al terminar. Bueno, rectifico, alguna bebida energética que no sea una cerveza 'isotónica'... O ya puestos a dar cerveza, pues que sea 'de verdad'. La bolsa del corredor que nos entregaron en la feria, muy pero que muy escasa y teniendo en cuenta que la camiseta ya no es Nike, ni hay el macroespectáculo de la salida, los 17 euros son injustificables a todas luces.

Una vez más, muchísimas gracias al gran JJ VICO que nos ha hecho unas fotos fantásticas en meta y que podéis ver en GOOGLE FOTOS, mientras las estadísticas completas están en GARMIN CONNECT.

Ya tengo las 14 carreras de la Lliga Championchip así que de aquí a final de año sólo me queda mejorar algunos puntos, aunque ya no habrá mucha más variación con respecto a la posición en la que estoy. Espero terminar de nuevo entre los 200 primeros de los más de 6000 inscritos.







NO RETREAT NO SURRENDER

domingo, 9 de octubre de 2016

39 Bank of America Chicago Marathon




(con la liebre y la tortuga se le da más o menos velocidad)


Hacía muchos años que tenía una cuenta pendiente con Estados Unidos. Una cuenta pendiente que me cobré el pasado 7 de Octubre cuando por fin, aterricé en la ciudad de Chicago para correr el Domingo 9 el 39 Bank of America Chicago Marathon.

Como amante de la arquitectura, tanto moderna como antigua, Chicago era una ciudad que me resultaba irresistible cuando veía series, películas y documentales. Había estado ya en New York, Washington, Philadelphia, Los Ángeles, Las Vegas, San Francisco... pero Chicago se resistía. Quizás por eso, ya de vuelta en casa, seguía todavía con mis ojos clavados en los maravillosos rascacielos, una mezcla de modernidad y antiguedad, si es que a ciento y pico años le podemos llamar antiguedad, claro, porque más o menos es la edad que tiene Chicago o, al menos, la edad de la renacida Chicago después del devastador fuego de 1871 que quemó completamente 16000 edificios y el 60% de la ciudad, precisamente, del 8 al 10 de Octubre, 145 años antes de que se cumpliese uno de mis sueños.

Porque este blog va de eso, de sueños, de sueños realizables, pero que requieren esfuerzos. Esfuerzos físicos, esfuerzos económicos y, sobre todo, esfuerzos familiares. Esas horas que le robo a mi familia para ir a entrenar y esos días que también les robo para ir a cumplir ese sueño que es una de las cosas que hace que cada día me despierte con la ilusión de un niño pequeño. Pero no la única, ya que la más importante es poder disfrutar cada día al lado de las dos personas más maravillosas que jamás haya conocido. Por ello, no sólo os dedico esta relato tan especial para mi, sino que os doy las gracias por hacerme tan feliz y por darme la fuerza que necesito para cumplir estos sueños. Gracias Yoly y gracias Fa. Sin vosotras mis sueños se querían sólo en eso... Sueños. Os quiero muchísimo!!

El 39 Bank of America Chicago Marathon no empezó el Domingo 9 a las 0730 de la mañana. Bueno, oficialmente, sí empezó a esa hora, pero para mí, como para los otros más de 40000 corredores, el Maratón empezó unos cuantos meses antes. Meses de entrenamientos, de alguna lesión intermedia, de carreras preparatorias y de algo que a mi, personalmente, me encanta: la organización del viaje. Vuelos, hoteles, qué cosas ver en el poco tiempo que podía estar en la ciudad y cómo encajarlo todo. Es una de las partes que a mí más me gustan de estas aventuras.

Pues todo empezó con la inscripción, ya no recuerdo muy bien en que mes, pero allá por Noviembre del 2015, poco después de que terminase la edición del año pasado. Luego para el hotel y avión, elegí la fórmula más cómoda y segura, aunque no la más barata, El Corte Inglés. Por una razón muy sencilla. Ofrecen un seguro de cancelación sin condiciones, lo cual para nosotros los corredores pienso que es fantástico, ya que puedes anular el viaje una semana antes si por mala suerte te lesionas, o no puedes ir. Sin explicaciones de ningún tipo y sin presentar partes de baja ni nada parecido. Pienso que merece la pena.

El Viernes 7 comenzó la aventura en Barcelona. El primer vuelo era con destino a Madrid y después ya volaríamos directos a Chicago. En la cola de la puerta de embarque el chico que tenía detrás me comenta que si voy a correr algún maratón porque me vio la mochila que llevaba del de Paris y le digo que Chicago. El también. Viajaba con su mujer. Empezamos a hablar y la conversación duró hasta el Lunes 10 a eso de las 1800. Sí, hasta el Lunes 10, porque al final nos hicimos el viaje juntos. Josep y Alba. He de decir que, sin duda, ellos marcaron la diferencia en este viaje. Ellos fueron los que hicieron que este viaje haya sido tan especial. Lo pasamos realmente genial juntos y esta es una de las cosas tan maravillosas que tiene este deporte. Te juntas con unas personas que no conoces de nada, te pones a charlar de carreras, retos, sueños e ilusiones, y acabas forjando una amistad. Y no es la primera vez que me pasa, y si no que se lo digan a Matías, mi mentor en esto del running, que un día hablado banalmente en una discoteca en Vigo de lo maravilloso que sería correr el Maratón de New York, acabó en una de las amistades más longevas y sólidas que tengo.

Volviendo al viaje, ya metidos en el avión que nos llevaba a Chicago, conozco a otro chico más, Borja, un chico vasco afincado en Madrid y que viajaba con un grupo de veintipico del Banco Santander. No era el único grupo de corredores en el avión. De hecho, haciendo un cálculo aproximado basado en las zapatillas de running que se veían por los pasillos, debíamos de ser más de 100 corredores. Vamos, que si nos descuidamos nos ponemos todos a hacer series allí mismo. Estaban también los de Fernando Pineda y Marathinez, dos de las empresas que organizan viajes a los maratones tanto nacionales como extranjeros.

Así que entre charla y charla con Borja que, por cierto, venía de hacer un Half Ironman la semana anterior en Lanzarote y que ya había corrido en Chicago, un par de capítulos de una serie que llevaba en la tablet y un sueñecito, al levantar la ventanilla ya nos encontrábamos sobrevolando Canadá para luego atravesar el lago Michigan y empezar a atisbar desde las alturas, los imponentes rascacielos de la 'Ciudad del Viento', entre los que destacaban, la Willis Tower (antes Sears Tower), el Hancock Building y la Trump Tower, tres edificios tan distintos como majestuosos.

Aterrizamos puntuales y después del pertinente paso por Aduanas, recogida de equipaje y directo al metro. Había quedado con Josep y Alba en la recogida de equipajes, pero se retrasaron un poco en el control así que decidí marchar porque quería llegar a tiempo de ir a la Expo.

La forma más cómoda de moverse por Chicago, y por casi cualquier ciudad del mundo que disponga de él, es en Metro (CTA). Desde la terminal internacional, la verdad es que hay un largo recorrido que hacer, hasta la Terminal 3, con monorrail incluido. En esa Terminal 3 es dónde está el metro. Siguiendo los carteles se llega bastante fácil. Una vez en la parada, unos cuantos trabajadores y un par de puestos te informaban de las opciones. Hay varias, pero la mejor es la tarjeta VENTRA. Es una tarjeta contactless que puedes recargar con pases de 1, 3 o 7 días. También tiene la opción 'pay as you go' cargando dinero y gastando según la usas. La verdad es que el pase de 7 días era bastante económico, 28 dólares más 5 por la tarjeta, que si te das de alta en la web, te los ingresan de vuelta en la tarjeta para que los gastes en viajes.

En algo más de media hora ya estaba en el centro de Chicago. Le llaman 'The Loop' y todas la líneas pasan por ahí, teniendo como parada principal Lake. Yo tenía que hacer transbordo para coger la linea roja que me dejaría en la estación Chicago, cerquita de mi hotel, el Warwick Allerton, en otra de las famosas zonas de Chicago, la 'Magnificent Mile' dónde se encuentran todas las tiendas de moda y que sería la comparable a la 5ª Avenida en NYC o al Passeig de Gracia de Barcelona.


Base de operaciones

Una vez dejé el equipaje en el hotel, salí disparado a coger el shuttle gratuito que la Organización ponía desde varios puntos de la ciudad para llegar a la Expo. Pero cómo tardaba bastante, y no tenía demasiado tiempo hasta que cerrase la Expo, decidí coger el metro que me dejaba bastante cerca de la Expo que se celebraba en McCormick Center, un tremendo y moderno Palacio de Exposiciones, con unas instalaciones y unos pabellones que te dejaban boquiabierto por su inmensidad.


McCormick Place

Pero más boquiabierto me quedé cuando fui a recoger el dorsal. Ni una cola. Y eso que éramos más de 40000 corredores. Todo muy bien indicado y perfectamente organizado. De la zona de recogida del dorsal pasabas a la zona Expo, donde recogías la camiseta y dónde las marcas comerciales exhibían sus productos y mostraban sus novedades. Realmente no ví nada destacable, salvo la gran cantidad de merchandising de Nike que era el patrocinador ofical, junto con el Bank of America, del Maratón. Un detalle a destacar era que te dejaban cambiar la camiseta in situ en el caso de que no te quedase bien la que habías escogido previamente. Y yo fui uno de los que lo tuve que hacer ya que la talla L me quedaba algo pequeña. También aproveché para comprar una chaqueta desechable para protegerme del frío ya que me había dejado en Barcelona, tanto la sudadera vieja como la manta térmica. Las prisas y los nervios....


Entrada a la Expo
Expo Marathon
Dorsal en mi poder

Tocaba regreso al hotel para descansar porque ya llevaba más de 24 horas casi sin dormir, sólo 3 o 4 en el avión, pero antes, parada obligatoria para reponer fuerzas y comprar los primeros detalles en el Hard Rock que, afortunadamente, estaba cerca del hotel. Allí aproveché que había wifi para contactar de nuevo con Josep y Alba y quedar al día siguiente para visitar la ciudad juntos.

Mi plan para el sábado era de relax total. Empezaba con el Tour Arquitectónico de 75 minutos por el río, continuaba con el espectáculo Blue Man Group en el Briar Theatre y luego por la tarde, visita a la zona de salida y meta que estaba situada en Grant Park, uno de los pulmones verdes de Chicago. El otro sería Lincoln Park dónde está situado el Zoo. Tenía también. la intención de ir a ver a los Chicago Cubs que jugaban los play-off de la MLB (Major League Beisbol), pero era imposible conseguir entradas.

Así que a las 1000 de la mañana empezaba la primera actividad que tenía programada. Digo la primera, porque antes de volar había estado investigando la mejor opción para hacer tres o cuatro visitas que sería lo que me iba a dar tiempo, y decidí comprar el Explorer Pass de COSTCO, que por $72.99 te deja elegir 4 entre más de 20 atracciones distintas y es válido hasta un mes después de la activación. El funcionamiento es muy sencillo. Te das de alta en la web (eso sí, hay que poner una dirección americana, así que yo utilicé la del hotel) y te envían un pdf al móvil con un código de barras que escaneas para canjearlo por los tickets de las atracciones que elijas. Cómo el viaje iba a ser corte y no tendría tiempo de visitar los fantásticos museos que tiene Chicago, había pensado en el Tour Arquitectónico, el Hancock Building, la Torre Willis y el Bus Turístico que, la verdad, me sorprendió gratamente ya que era la primera vez que montaba en uno.

Hay otras opciones de tarjetas, como el Chicago City Pass, más orientado a la visita de museos, o el Go Chicago Card, la más cara, con la que en vez de elegir un número limitado de atracciones, se compran  días, pudiendo ir a todo lo que te dé tiempo. Es decir cada una tenía sus ventajas e inconvenientes, así que simplemente es cuestión de elegir la que más se adapte.

Había quedado con Josep y Alba, pero cuando empezamos a embarcar todavía no estaban, así que me senté en la proa listo para empezar a disfrutar de la belleza de esta ciudad, y justo cuando íbamos a zarpar... Allí aparecen los dos. Así que nos sentamos juntos para disfrutar de 75 minutos de relax con unas vistas increíbles y una narración del guía realmente interesante, facilitándonos todo tipo de datos y contándonos pequeñas historias de cada edificio. Nos enteramos por ejemplo, que en uno de los edificios pegados al río, los apartamentos se alquilan por... $14000.00 al mes!!! Vamos, al alcance de cualquiera. También nos contó la historia del Gran Incendio y sus devastadoras consecuencias que al poco se transformaron en oportunidades para levantar la asombrosa ciudad que es Chicago hoy en día. Pasamos al lado de la Trump Tower, el edificio de Boeing, el del servicio Postal, la Willis Tower y un sinfín de rascacielos que hacen que el río de Chicago tenga ese encanto especial. Fueron 75 minutos de puro placer a cargo de la empresa Shoreline Sightseeing que estaba incluida en el Explorer Pass.


Trump Tower
Architectural River Tour
River Tour
Chicago Skyline

Después nos dirigimos a Grant Park con la sana intención de hacernos unas fotos en la línea de salida y meta, o incluso en el punto kilométrico 42, pero nuestro gozo en un pozo. El parque, que es enorme, estaba perimetralmente vallado, por lo que era imposible acceder. Increíble el despliegue de medios para poder hacer todo eso. Sí que vimos el arco de salida, y las carpas que al día siguiente servirían de ropero y de lugar de masajes de recuperación.



The Cloud

Así que después de dar un buen paseo alrededor del parque, me despedí momentáneamente de mis compañeros de aventura para ir a otra de las actividades que tenía programadas: Blue Man Group en el Brier Theatre. Espectáculo de humor y sobre todo de percusión con gran protagonismo de pintura fosforescente. Es un espectáculo que también se puede ver en Londres, New York o Las Vegas y realmente recomendable para niños y mayores. Eso sí, los muy pequeños llevaban cascos para proteger los odios, porque el sonido realmente lo 'petaba'.


Blue Man Group

Y al salir del teatro, de nuevo reencuentro con Josep y Alba para ir hasta el United Center, la casa de los Chicago Bulls. Resulta que jugaban un partido de pretemporada contra Indiana Pacers y nos fuimos de aventura a ver si pillábamos entradas. Y pillamos! Y encima en el centro de la pista. Eso sí en tercera gradería que no es tan alta como la del Camp Nou y el basket se ve perfecto. Bueno, que os puedo contar de un partido de NBA. Espectacular. Los tiempos muertos que en la tele no solemos ver son un verdadero espectáculo para los aficionados. No hay tiempo para aburrirse. Y el pabellón, impresionante. Un verdadero lujo y una sorpresa con la que no contaba en este viaje.



Los 6 campeonatos de los Bulls


United Center
Bulls - Pacers

Así que después de este día intenso, pero bastante relajado (la mayor parte del día estuve sentado) tocaba irse al hotel a descansar para llegar en buenas condiciones a la línea de salida en Grant Park a las 0730h.

Tengo la costumbre de despertarme siempre 3 horas antes de cualquier carrera, da igual que sea de 10K o un Maratón. Es el tiempo que tarde mi cuerpo en estar al 100%. Lo tengo totalmente comprobado. Me imagino que a cada uno su cuerpo se activa en un periodo de tiempo diferente y si eres capaz de controlar este aspecto, ya es un poquito que le tienes ganado al Maratón. Por lo tanto, a las 0430h sonaba el despertador y me levantaba dispuesto a afrontar un nuevo reto. El Sábado me había saltado todos mis protocolos pre-maratón. Ni comí pasta a mediodía, ni sushi a la noche y ni siquiera compré las magdalenas del desayuno. Menos mal que no soy nada supersticioso, aunque la verdad, es que tenía mis dudas sobre cómo iba a reaccionar mi cuerpo al no haberme alimentado como debiera el día anterior.


En vez de las magdalenas, me comí un par de galletas enegéticas de PowerBar y una barrita de cereales. Y en vez de el café/té, mi única bebida fue medio litro de Gatorade Endurance que había comprado en la Expo y que era lo que íbamos a beber durante el Maratón. Nada ortodoxo, la verdad, pero cómo se suele decir... 'era lo que había'.



Listo para la aventura

Aunque no hacía demasiado frío, o al menos no se notaba, la temperatura rondaba los 7-8 grados, por lo que iba bien abrigado con sudadera, gorro y guantes, para no perder calor corporal antes de la salida. Fui a buscar a Josep y Alba a su hotel y de ahí, paseito de media hora hasta la zona de salida siguiendo a cientos de corredores que a esa hora ya transitaban por las calles de Chicago.

En la entrada nos despedimos de Alba y nos dirigimos a la zona que nos correspondía para dejar la bolsa. Todo increíblemente bien organizado y con muchísimos voluntarios dando información a todo el mundo y preocupándose de que nos sintiéramos cómodos. Josep salía del cajón A y yo del B, así que estábamos bastante cerca y compartíamos zona de ropero. Ni una cola a pesar de que íbamos a ser 40000 corredores. Eso gracias a los 12000 voluntarios que presenta este Maratón. Para que os hagáis una idea, en Barcelona, son 2000 los voluntarios y no hay excesivos problemas ni en ropero ni en los avituallamientos. Ahora imaginaros 12000!!! Si es que tocábamos a 1 voluntario por cada 3 corredores. Una pasada.



Con Josep a la entrada de Grant Park


Dejamos la ropa, hicimos la única cola del día (eso sí de únicamente 3 o 4 personas) para el penúltimo pis y, directos al cajón. Todo perfectamente indicado. Allí aproveché para estirar bien y mantenerme calentito con la chaqueta que me había comprado en la Expo y con la manta del avión (sssshhh que no se puede llevar...), hasta que el Alcalde de Chicago, el Sr. Rahm Emanuel se dirigió a nosotros para darnos ánimos, comentarnos que teníamos el mejor clima que recordaba en un Maratón de Chicago y para dar paso al inevitable Himno Americano que mantuvo a 40000 corredores, acompañantes y voluntarios en un silencio sepulcral mientras lo interpretaba una chica en directo.


Salida multitudinaria



Y una vez terminado el Himno.... Pistoletazo de salida!! A pesar de ser mi Maratón número 14, no hay forma... El cosquilleo, hormigueo, mariposas, lo que queráis, todo estaba ahí metido en mi estómago hasta el momento en el que empecé a correr. Bueno, miento, todavía lo llevé conmigo unos cuantos metros hasta que fui realmente consciente de que estaba corriendo un Major en la ciudad de Chicago. Me sentía bien, muy bien, mental y fisicamente y el día era perfecto así que lo tenía que dar todo y ver hasta dónde podía llegar.

La salida era plana, con una leve subida y luego un pequeño descenso para pasar por el túnel de Columbus Drive y dirigirnos al Norte durante el primer kilómetro. Me había colocado delante de todo de mi cajón, cómo suelo hacer para salir cómodo y llevaba a mi lado al globo de las 3:05 que enseguida se marchó con el grupo de valientes que lo acompañaban. Todavía quedaban por pasarme dos globos más, el de 3:10 y 3:15 con la esperanza de que el cuarto nunca llegase a alcanzarme. Era el de las 3:20 y representaba el ambicioso tiempo que me había fijado. Significaba bajar casi 9 minutos mi marca y todos los corredores sabemos que eso es poco menos que una odisea.

Me encontraba cómodo y veo que paso el primer kilómetro en 4'45" y muy cómodo y la primera milla en 7'40" con lo que iba exactamente como había previsto, ni un segundo de diferencia. Había programado el reloj para que me diese los parciales cada 5K para no ir demasiado pendiente, pero es inevitable, al menos los primeros km llevar un pequeño control mental al menos para saber que vas al ritmo que te habías marcado. Hay que tener en cuenta que el GPS del reloj tiene una desviación que varía entre 1,5 y 2% así que es importante saber realmente cómo vas.

Comentar en este punto que el circuito estaba marcado en kilómetros y millas, lo cual no es habitual en Maratones americanos. Suelen marcar millas y, eso sí, cada 5 kilómetros sitúan la alfombra de control. Así que me era fácil calcular los ritmos mirando el reloj con el tiempo real y los puntos kilométricos, al menos al principio. Después del km 5, con el ritmo asimilado, realmente ya no me hacía falta. Iba clavando más o menos los parciales, así que lo único que tenía que hacer era ir un poco concentrado en ese ritmo y disfrutar de la carrera, del paisaje y del ambiente.

Tras un par de giros de 90 grados, muy cómodos por las amplias avenidas de Chicago, entramos en pleno corazón de 'The Loop', lo que es el centro de Chicago pasando por el famoso Chicago Theatre y en dónde estaba concentrada una gran cantidad de gente. Hay que tener en cuenta que era Domingo y eran las 0730. Una pasada el ambiente! Pero para pasada los avituallamientos. No había visto una cosas semejante en mi vida. Que alguien me corrija, de nuevo, si digo que son incluso más extensos que los de NYC. Ocupaban una manzana entera y a ambos lados del circuito. La primera mitad del avituallamiento era de Gatorade Endurance en vasos verdes de cartón con el logo de Gatorade, y la segunda mitad, agua en vasos de cartón de Coca-Cola para poder diferenciarlos bien. Ni un problema para avituallarme en toda la carrera. No perdía ni un segundo. No hacía falta reducir la velocidad porque eran tan sumamente largos que te daba tiempo a buscar un hueco y coger cómodamente los vasos. No me salté ni uno y eso que había 17. Un sorbito de Gatorade y un sorbito de agua. Analizando después de la carrera, pienso que fue una de las claves para poder aguantar el ritmo tantos kilómetros.

Salimos del centro más o menos por el km 6 y nos dirigimos de nuevo hacia el norte en dirección a Lincoln Park dónde se encuentra el Zoo de la ciudad y dónde nos encontramos por primera y única vez, con una ráfaga de viento en contra. Afortunadamente no duró mucho, diría que un kilómetro o menos, pero la verdad es que no dejaba mantener el ritmo.


Km 8



Tras unos cuantos kilómetros en dirección norte, doble giro a la izquierda para ponernos en dirección sur, atravesar North Broadway, una de los barrios más bonitos y animados de Chicago, y dirigirnos de nuevo al centro dónde una vez atravesado el río Chicago un par de veces, se encontraba el medio maratón. Pero no adelantemos acontecimientos. Antes, por el km 14 más o menos, escucho la primera referencia a la Celeste. Oigo a un chico que venía detrás de mi decir 'Mostovoi, Awesome!'. Apareció una sonrisa en mi cara y justo cuando pasa por mi lado me dice 'You are awesome!!' Se ve que le llegó al alma jajajaja. Y un poquito después del momento 'awesome', escucho a otro chico que me pregunta, esta vez ya en castellano, que si era de Vigo. Me alcanzó y fuimos juntos poco más de un minuto. Se llamaba Nacho y era de Santiago. Llevaba algo más de ritmo que yo así que nos deseamos suerte y cada uno a su faena.

Mas o menos a esa altura de la carrera, empecé a notar molestias en mis partes nobles. El pantalón/culot que llevaba me iba rozando y empezaba a temerme lo peor. Bueno, siendo positivo, es mejor una rozadura ahí que no en un pie. Así que sin pensar mucho en las consecuencias seguí a mi ritmo.

Entre unas cosas y otras, los kilómetros iban cayendo y mi ritmo continuaba igual. Pero eso no era lo mejor. Lo mejor era que no me encontraba cansado en absoluto y eso que el ritmo que llevaba era el de mi objetivo más optimista. Ni siquiera pasaban por mi cabeza pensamientos del tipo 'a ver en que kilómetro peto con este ritmo que me estoy marcando' ni nada parecido. Todo lo contrario, me veía y me sentía fuerte y así pasé el medio maratón en 1h40m06s, un poquito más lento de lo que quería, pero más rápido que en ningún otro Maratón de los que había corrido. El pronóstico ahí era de 3h20m12s pero todos los maratonianos sabemos los difícil que es doblar y además quedaba la parte más complicada.

La segunda parte del Maratón era menos colorida y animada que la primera aunque eso no quería decir que no hubiese gente por la calle. La verdad es que el circuito estaba bastante lleno de gente, excepto al salir de Chinatown que íbamos paralelos a una autopista y no había mucha gente. Ahí, la rozadura ya había pasado a mayores y al echar la vista abajo me alarmé un poquito al ver el pantalón completamente lleno de sangre. Afortunadamente era más impactante visualmente que lo que realmente me dolía. Sólo lo notaba cuando me caía algo de agua o Gatorade.

Tras un giro a la derecha enfilamos una larga recta que nos llevaba al United Center. Continuaba con mi ritmo y en el km 23 más o menos, adelanto al chico 'awesome' :) Dejamos atrás el United Center, el colegio Malcolm X y el Illinois Medical District para atravesar la Universidad de Chicago y entrar en uno de los barrios más populares de la ciudad, Pilsen, que se caracteriza por su ambiente y por sus coloridos murales. Era la milla 19, kilómetro 32 más o menos y había pasado el km 30 en 2:22:09, sólo 9 segundos por encima del tiempo programado. Iba como un reloj de precisión, pero, evidentemente, los kilómetros empezaban a pesar. Mentalmente ya empezaba a hacer cálculos por si me entraba una pequeña pájara. Me podía permitir el lujo de bajar el ritmo a 5 minutos el kilómetro y aún así entraría por debajo de 3:25:00, la mínima que piden para Boston, pero que, dado el nivel, te suele dejar fuera. Había que arañarle algún minuto a esa mínima.


Km 30
Km 34



























El kilómetro 35 nos metía de lleno en Chinatown con mucho ambiente en sus calles. Ahí el ritmo había caído un poco y el parcial de esos 5 kilómetros se me había ido en 57 segundos, por lo que la proyección de carrera era de 3:21:06. Lo hubiese firmado en ese momento. Un kilómetro después, en el 36, tuve que tomar la única y más importante decisión en carrera. Lo inevitable pasó, y el globo de 3:20 me adelanta. Tenía que decidir si me acoplaba y me arriesgaba a un calambre dos o tres kilómetros más adelante, o si seguía a mi ritmo, que ya estaba cercano a los 5'. Intenté ir con ellos unos metros pero noté una extraña sensación en la pierna derecha, así que decidí optar por la segunda opción, dejando que el globo se alejase, pero manteniéndolo durante un tiempo a la vista.


Km 35
Km 38

























Tras pasar esa parte bastante insulsa, hacemos un giro a izquierda y otro a la derecha, pasando por encima de la autopista y, tras un doble giro a la izquierda enfilamos la Avenida Michigan, la larguísima avenida por la que transcurrían los últimos 4 kilómetros del Maratón antes de girar a derecha e izquierda para enfilar la recta de meta. Se hicieron eternos. Veías los edificios a lo lejos y sabías que Grant Park estaba allí, pero parecía que no ibas a llegar nunca. Mi ritmo ya estaba en 5' y no parecía que fuese a mejorar, pero al pasar por el km 40, forcé un pequeño cambio de ritmo y me puse de nuevo por debajo de 5', más o menos a 4'50" porque si no, corría el riesgo de llegar demasiado justo. Sabía que ya no podía bajar de 3h20m, pero al menos debía esforzarme para intentar arañar todos los minutos y segundos que pudiese. Tocó apretar un poco los dientes y finalmente pude ver la curva que formaba la gente y que significaba que quedaban 500 metros aproximadamente, 300 de dura subida para librar las vías del tren (parecía que estuviese en la Mitja del Mediterrani o Gavá) y 200 de gloriosa bajada para poder cruzar la línea de meta. En los primeros 300m saco fuerzas de dónde ya no las había y los hago a buen ritmo, adelantando corredores y una vez enfilo la recta de meta, me pongo a esprintar a todo lo que podía dar en ese momento para entrar en meta en 3h23m12s, mejorando mi anterior marca en 5 minutos y 41 segundos. Una burrada!! No sólo había establecido mi récord personal sino que además había conseguido la mínima para Boston '18. No podía estar más feliz!


Últimos metros
Beso a mi niñas



























La número 14
Con Nacho de Compostela















3ª Major ya entre mis dientes

Mientras paraba el reloj, siento que alguien se acerca y me saluda. Era Nacho, el chico de Santiago, que había entrado prácticamente al mismo tiempo que yo. Nos felicitamos y después del photocall y del primer trago de agua, nos fuimos juntos a uno de los puestos que tenían cerveza de grifo. Que bien nos sentó la cañita! Nos despedimos y cada uno por su lado a buscar a los amigos. Yo primero pasé por el ropero para cambiarme y luego me dirigí a la zona dónde había quedado con Josep y Alba. Tardé un poco en verlos porque yo estaba mirando entre la gente que estaba de pie, y ellos estaban sentados al lado del cartel A-B dónde habíamos quedado. Josep, a pesar de la lesión había hecho 3h04m. Ya me hubiese gustado a mi. Nos fuimos juntos hacia los hoteles y después de la ducha quedamos en el Hard Rock para recuperar proteínas con un buen chuletón.


Hard Rock Café

Después, nos pegamos un paseillo hasta el Hancock Building y subimos hasta el bar que hay en la planta 59 y que tiene las vistas parecidas al observatorio de la 96, sólo que es gratis. Desafortunadamente no había ninguna mesa libre, así que nos fuimos ya directamente a descansar que el día había sido largo.

El lunes habíamos quedado para ir juntos a la Willis Tower, pero no consiguieron comprar el Explorer Pass desde el móvil, así que la visité yo solo. Id con tiempo, porque antes de subir, ponen un documental sobre el Gran Incendio y cómo se reconstruyó la ciudad y en concreto el edifico. Una vez arriba las vistas son increíbles. Dicen que el edificio en días claros se puede ver desde 4 estados, Illinois, Michigan, Indiana y Wisconsin. Pero lo más espectacular son los 4 cubos transparentes que cuelgan del piso 110 a 412 metros de altura en los que te puedes meter para tener la ciudad a tus pies. La sensación es indescriptible. Un truco: si queréis tener la foto sin gente y entrar solos al cubo, id al de la cámara oficial. Os harán la foto que podéis coger si queréis al salir al lado de la tienda de souvenirs, aunque no es obligatoria. Pero le podéis pedir a la persona que hace la foto oficial que os haga una con el móvil, con lo que así podéis tener el recuerdo sin pagar, que ya bastante cuesta la entrada.






























Al salir, fui a buscar a Josep y Alba que habíamos quedado en un Starbucks cercano, para seguir de ruta juntos. Resulta que era el Columbus Day y había el típico desfile americano que todos hemos visto alguna vez en la películas. Tal cual. Antes, habíamos pasado por la Daley Plaza dónde estaba la escultura de Picasso que representaba el motivo de la  medalla del Maratón de este año.


The Picasso

De ahí nos fuimos a una de las visitas típicas si se visita Chicago. Giordano's y sus famosas pizzas. Tuvimos que esperar un ratillo, pero la verdad es que mereció la pena, ya que estaban buenísimas. Eso si, una mediana para tres y nos costó terminarla.

Seguimos ruta, esta vez hasta el Navy Pier dónde está su famosa noria, así como un jardín botánico y un auditorio que estaban ampliando para eventos al aire libre, así como la base de los barcos turísticos que recorren la costa de Chicago.



Navy Pier
Navy Pier

Cuando nos dirigíamos hacia el centro, nos encontramos con Isidro López y su compañero que estaban en representación del Maratón de Barcelona para recoger ideas y ver cómo se puede mejorar. Estuvimos charlando un buen rato y todos coincidíamos en la excelencia en la organización en Chicago.


Poco después tocaba despedida. Yo iba a aprovechar el resto del bono y subir al Hancock Observatory y ellos iban a la tienda Lego a comprar algún regalo para los niños. La verdad es que he de reconocer que gracias a ellos, disfruté de este viaje muchísimo más de lo que esperaba. Quedamos en vernos en Valencia ya que Josep me regaló una inscripción que tenía de una firma deportiva. Un gran detalle.



Hancock Building view
Chicago de noche
Espectacular!

Y si por la mañana había visto la cuidad de día desde la Willis Tower, ahora tocaba verla por la noche desde el Hancock Building. Si de día la ciudad se veía espectacular, de noche no era menos. La verdad es que me quedé un buen rato sentado en una especie de gradas intentando congelar el tiempo para disfrutar del momento. Pero todo lo bueno se acaba y tenía que bajar para ir en busca del signo del comienzo de la Ruta 66 que por la mañana no habíamos sido capaces de dar con él. Así que me dirigí al centro y después de un pequeño paseo, por fin lo encontré. Casualidad o no, este año coincidió que corrí en Chicago y Los Angeles, inicio y fin de la famosa ruta. Después paseo hasta el hotel para hacer las últimas fotos antes de dar por finalizado el día.


Inicio de ruta
Fin de ruta

























El Martes tocaba regreso, pero antes, pequeño madrugón para aprovechar la última atracción que me quedaba, el bus turístico. Nunca había ido en uno y la verdad es que es una buena forma de conocer un poco la ciudad y su historia. Nuestra guía era muy buena y nos contó muchísimas cosas de los rascacielos que nos íbamos encontrando por el camino. Después de dejar el Loop, nos dirigimos hacia Soldiers Field, el Museo de Historia Nautural, el Planetarium y el Acuario, desde dónde había unas vistas preciosas del skyline. Muy amable, incluso se ofreció a sacarnos fotos, oportunidad que, por supuesto, no desaproveché.

Y con ese paseo en autobús, di por terminado mi viaje a Chicago. Fue una experiencia maravillosa en la que todo, absolutamente todo, salió a la perfección. El clima, el Maratón, la compañía, la ciudad... De verdad que es una ciudad que os recomiendo.



Chicago
Skyline
Ya de vuelta en casa y analizando detenidamente los parciales de la carrera, me di cuenta de lo bien que había corrido. Prácticamente al mismo ritmo hasta el kilómetro 30 y a partir de ahí perdiendo un poco de fuelle hasta el 40 en el que cambio para no apalancarme y ganar unos segundos al crono. Me quedé con la sensación de que podía dar todavía un poco más de mi. Creo que podría bajar de 3h20m, así que quizás, si en el futuro, me encuentro con unas condiciones similares, lo podría intentar. De momento, me quedo con esta grata experiencia que he disfrutado desde el primer minuto.



Parciales oficiales


Hoy sí que hay un extenso reportaje fotográfico dividido en dos álbumes. El primero dónde están todas las fotos de la ciudad de CHICAGO y el segundo el que tiene todas las fotos del MARATÓN. Lo que no varía son las estadísticas que están, como siempre en GARMIN CONNECT. Eso sí, hay una desviación de 800 metros por lo que los parciales no son del todo exactos.


Mi próximo reto iba a ser el Maratón de Saint Louis en Abril del 2017, pero con el regalo que me han hecho, toca volver a vestir la Celeste el 20 de Noviembre en Valencia. Hasta entonces....


NO RETREAT NO SURRENDER