domingo, 8 de noviembre de 2015

33 Athens Authentic Marathon



Cartel JJOO 2004
                     
Cartel JJOO 1986

























El Domingo 8 de Noviembre se celebraba el 33 Athens Authentic Marathon que sin ser una carrera considerada Top por la IAAF si tiene carácter de clásica por todo lo que significa. El hecho de que salga de Maratón para dirigirse a Atenas, que su trazado sea el mismo que el que se supone recorrió Filípides 2500 años atrás y que termine en el imponente estadio Panatinaiko dónde se celebraron en 1898 los primeros Juegos Olímpicos de era moderna, la hacen especial y absolutamente imprescindible para los que amamos este deporte.

Antes de empezar con la crónica del viaje y la carrera, y por si alguien no llega hasta el final, quiero darle las gracias a mi mujer Yoly y a mi pequeñita Fa por el apoyo que me han dado en estos meses de preparación y sobre todo por las horas que me han dejado robarles para poder cumplir con el plan de entrenamiento y llegar en la mejor forma posible al Maratón después de la lesión. Me lo han puesto todo en bandeja e incluso me han acompañado alguna vez, Yoly en bici y Fa en su patinete. Gracias mis dos amores!

El camino hacia esta nueva aventura no fue nada fácil tras un año complicado en cuanto a lesiones y lleno de felices cambios en mi vida. La planificación que había preparado el año anterior (mi temporada va de Septiembre a Julio) incluía alguna media en Enero y Febrero para luego hacer un parón, operarme de las varices y, una vez recuperado, continuar con las veloces carreras de 10K en primavera y llegar bien al Maratón de Praga en Mayo. Después vendría el Maratón de Helsinki en Agosto y el tercero en discordia sería Atenas.

El primer contratiempo llegó con la recuperación de la operación de las varices que se alargó más de lo pensado por lo que apenas pude entrenar en los tres primeros meses, lo que me hizo descartar el primero de los tres Maratones, el de Praga, a pesar de tenerlo pagado y empezar a pensar en la preparación del segundo de ellos, Helsinki. En el mes de Abril empecé a entrenar a conciencia para ponerme en forma e incluso hice tres carreras con unos tiempos aceptables, lejos de lo que estaba acostumbrado, pero bastante dignos. Y mientras seguía con la preparación me entero que me han aceptado para correr en Chicago en Octubre, lo cual anulaba el plan de Atenas, ya que Chicago es por sorteo y no se podía desaprovechar la oportunidad.

Así que me planto en el mes de Mayo con la cabeza en Helsinki y en un tranquilo rodaje por la playa noto un pinchazo en los isquios. No le doy mucha importancia, vuelvo a casa andando y descanso unos días después de ir a ver a Manuela, mi fisio, que no me encuentra nada raro. Con toda la confianza del mundo corro en Cornellá, calentando sin problemas y en el km 1,5 me vuelve a dar un pinchazo en el mismo sitio. Repito la operación la semana siguiente y en la Cursa de Sant Joan Despí tengo que abandonar en el km 8 ya con el isquio muy dolorido.

En vista de que no se curaba, decido ir a hacerme una resonancia que da negativa a lo cual, mi traumatólogo me pide una nueva, esta vez de la espalda. Ahí estaba el problema. Se detecta una hernia discal L4-L5 y un desgaste de disco con pinzamiento que era lo que me replicaba en el isquio. Ya estábamos en Julio y con todo el mes de Junio en el dique seco, el segundo Maratón previsto también se esfumaba de mis planes, así que ya sólo me quedaba empezar a preparar Chicago con muy poco tiempo, aunque suficiente.

Pero tampoco fue posible, esta vez porque en el momento en el que empezaba a coger ritmo, el gemelo izquierdo de estar tanto tiempo de inactividad se cargaba a la que empezaba a sumar kilómetros. Eso y la mudanza de mi familia a Castelldefels, hizo que hasta la última semana de Agosto no pudiese empezar a entrenar con algo de constancia.

Y es precisamente ahí dónde retomo la idea original de correr en Atenas. A Chicago con un mes y medio de preparación sabía que no llegaría bien y, por lo tanto que, aunque pudiese acabar la carrera, sería sufriendo y sin disfrutar, lo cual va totalmente en contra de uno de mis  principios en la vida y la principal razón que me impulsa a salir a correr, que ni más ni menos que disfrutar al máximo con lo que hago. Pero tenía dos meses y medio para preparar Atenas, por lo que, si no surgía ningún contratiempo, llegaría relativamente bien preparado.

Y con este pensamiento en la cabeza empiezo a entrenar suave para evitar sobrecargar las piernas, pero con una constancia que no había tenido en los 13 años que llevo corriendo. En Septiembre batí mi récord de días entrenados 18, y en Octubre repetí la misma cifra, que incluyó 4 carreras de 10K y la Mitja Marató del Mediterrani que me sirvió de test final para saber mi estado de forma y a la vez me dio la confianza que necesitaba para afrontar las tres últimas semanas antes del Maratón. Con un plan de entrenamiento que lo voy a bautizar como KR 9/12 (entrenos de 9K y 12K) con ritmos variables según sensaciones y suprimiendo series y fartlek para evitar sobrecargar los músculos y articulaciones. Sólo un par de tiradas que ni siquiera se pueden considerar largas, una de 23K y la Mitja del Mediterrani y una media de 50K a la semana durante el mes de Octubre después de haber llegado hasta ahí desde los 36K iniciales de finales de Agosto. Vamos, el tipo de preparación de jamás te recomendaría un entrenador titulado. Era consciente de ello, pero la verdad es que me sentía bien y en las carreras también rendía por encima de lo esperado.

Después de la obligada bajada de kilómetros de la semana previa al Maratón y de la propia semana del Maratón, ya sólo quedaba coger el vuelo, plantarse en Atenas y emular a Filípides en su hazaña, así que el Viernes, mis dos niñas me llevan al aeropuerto para desearme toda la suerte del mundo y animarme a conseguir mi duodécima medalla.

El vuelo muy tranquilo, con escala en Roma y con ciertos signos de que todo iba a salir bien. Yo no soy una persona supersticiosa, pero a veces uno tiene ese tipo de sensaciones. De camino a la puerta de embarque en Barcelona me encuentro un billete de 5 euros en el suelo y en el vuelo de Roma a Atenas me dejan ir en salida de emergencia a pesar de tener otro asiento. Parecía que como me acercaba a la tierra de los grandes pensadores, filósofos y astrólogos, las estrellas se alineaban para que todo saliese bien.




No había estado nunca en Atenas, así que me informé un poquito en internet antes de llegar. Siempre lo hago y es una de las partes de los maratones que más me gusta, buscar los hoteles, vuelos, conocer el tipo de moneda, de enchufes, cómo funciona el transporte público… Digamos que el Maratón es el plato principal, pero todas estas otras cosas que lo rodean, forman la salsa que le da ese sabor que tanto nos gusta.

Lo primero que hay que saber antes incluso de aterrizar, es cómo llegar al hotel. Evidentemente lo más cómodo puede parecer un taxi, pero no hay que fiarse porque hay ciudades en las que el tráfico es un caos y, aparte de que es el medio de transporte más caro, al final puede resultar también ser el más lento. En el caso de Atenas, lo más recomendable es comprar en la taquilla del Metro o en las maquinas, el billete ‘Visitor Ticket’ que lo hay de 3 y 5 días. Yo cómo iba a estar sólo hasta el lunes, pues compré el de 3 días por €20.00 que incluye viaje de ida y vuelta al aeropuerto que por separado vale €14.00, así que realmente merece la pena. También es importante saber cómo funciona el sistema de metro. En Atenas no hay tornos por lo que la entrada es libre al igual que en Lisboa y, que yo recuerde, Los Ángeles hace unos cuantos años. Lo que sí debemos hacer es validar el billete en unas máquinas amarillas, únicamente una vez. A partir de ahí contarán las 72 o 120 horas. Vale para todo tipo de transporte en Atenas excepto el tren, o sea, Metro, bus y tranvía.




El hotel lo había reservado cerca de la Plaza Omonia, muy cerca de la Plaza Syntagma y de la zona de Monastiraki que es el centro neurálgico de Atenas y dónde se encuentran la mayor parte de restaurantes y tiendas de souvenirs. Había pensado en reservar otro más cerca del estadio Panatinaiko dónde estaba situada la meta, pero no me equivoqué porque la verdad es que estaba todo a mano y en 15 minutos en diferentes sentidos estaba en la zona de Plaka o en Monastiraki, a los pies de Acrópolis. No suelo mencionar nombres de hoteles en las crónicas, pero el trato que me dieron fue exquisito y el hotel, aunque modesto, estaba realmente bien, muy limpio y económico teniendo en cuenta que todas las ciudades suelen subir bastante los precios cuando hay eventos como un Maratón o ferias. Así que para los que quieran opción económica, Hotel Epidavros. Eso sí, llevad el Google Maps activado para encontrarlo porque está al final de una pequeña rambla metido en una calle estrecha. Al segundo día ya no hay problema :)


Plaza Omonia

Una vez dejada la maleta en el hotel, de nuevo al metro a recoger el dorsal en el Olympic Tae-Kwon Do Stadium en la zona de Farilo. La línea verde del Metro que sale de la Plaza Omonia me dejaba en la penúltima estación antes de llegar al Pireo, en Farilo, desde dónde, caminando unos metros, se cogía el tranvía que te dejaba a las puertas del pabellón. También se podía llegar desde la Plaza Syntagma directamente en tranvía. Esa zona se creó para los Juegos Olímpicos y aparte del citado centro deportivo se encontraba otro más y el Estadio Georgios Karaiskais, casa del Olympiacos. Llegué casi de noche, por lo que tampoco la pude disfrutar mucho aunque sí me dio tiempo de ver una bonita puesta de sol antes de entrar a recoger el dorsal.

En el interior todo estaba perfectamente organizado. No tuve ningún problema para recoger el dorsal con el que te regalaban un abono de transporte de 5 días. Aunque el detalle está muy bien, si la estancia es más corta y ya tienes que comprar el de ida y vuelta al aeropuerto, más el de llegar hasta el pabellón, pues ya casi te gastas los €20.00 que vale el abono de 3 días. Si la estancia es más larga, pues entonces sí que compensa.


Recorrido Maratón

Expo Maratón

Después de un paseo por la feria en la que no encontré muchas novedades, por no decir ninguna, de nuevo tranvía y metro de vuelta, esta vez a la zona de Monastiraki para ver el ambiente y cumplir con uno de mis rituales maratonianos: cena en el Hard Rock. No me critiquéis todavía, que hay tiempo para todo, incluido conocer la cultura y cocina griega, pero los rituales pre-maratón los hay que cumplir a rajatabla.


Monastiraki

El sábado previo a un Maratón es clave. No hay que cansarse demasiado, pero tampoco se debe uno quedar tirado en el sofá todo el día. Encontrar el equilibrio no es fácil sobre todo cuando estás en una ciudad que no conoces y que te apetece descubrir. Así que después de dejarle descansar al cuerpo todo lo que quiso, me puse en marcha para dirigirme hacia la zona de meta, otra de las cosas que nunca fallan en mis viajes maratonianos. Conocer los dos últimos kilómetros no es importante, es esencial! Paseo desde el hotel hasta el estadio Panatinaiko, pasando por la Plaza Syntagma y el Parlamento. Según me acercaba, ya se empezaba a notar el ambiente pre-maratón con baños portátiles y todo tipo de indicaciones de recogida de ropa, vestuarios, etc. En el estadio, la meta ya estaba montada y los operarios estaban preparando los pasos elevados para los espectadores.


Plaza Syntagma

Zona de Meta

Desde ahí, me dirijo en sentido contrario al Maratón para recorrer los dos últimos kilómetros y me encuentro con una agradable sorpresa. El último es un larguísimo descenso que pasa por delante del Palacio Presidencial y el penúltimo, que discurre por la Av. Leoforos Vasilissis Sofias, pasando por delante del Museo de la Guerra y del Megaron Athens International Conference Centre, también es en descenso aunque menos pronunciado. Buenas noticias, porque como le escuché una vez al gran Abel Antón, los Maratones se deciden en los dos últimos kilómetros. En mi caso no es que vaya a decidir nada, pero al menos ayudará a no sufrir más de la cuenta antes de cruzar la línea de meta.

Una vez concluida la exploración de la zona me voy en busca de pasta o pizza, otra de mis manías del día previo. La encuentro callejeando cerca de la Plaza Syntagma a la vez que descubro justo enfrente uno de los restaurantes japoneses más famosos de Atenas, el KOI Sushi Bar, con lo que el lugar de la cena ya está decidido. La pizza en el Athens Beer, fantástica y el camarero Ioanis muy amable. Me hizo sentir como en casa. Un 10 y lugar 100% recomendable.


Templo de Zeus

Acropolis

Después de comer me di un paseo por el Templo de Zeus que me dejó en la ladera de Acrópolis por la que subí para visitar el Partenón. Error!!! Aunque pude disfrutar de las vistas desde un mirador rocoso que está al lado de la entrada, descubrí que el acceso al Partenón y al Templo de Atenea Nike abre de 0800-1500. Así que ya sabéis, si vais a Atenas y queréis visitar Acrópolis, cuidado con el horario. De ahí, bajé por la parte Oeste para llegar a Monastiraki y regresar al hotel a descansar el resto de la tarde. A eso de las 2000, después de una ducha, regreso a la Plaza Syntagma para cumplir ya con el penúltimo de mis rituales, cena en el KOI Sushi Bar, a base de Sushi, Maki y Sashimi. Carga de hidratos con algo de proteína y que a mí, personalmente, me sientan bien en el estómago y hacen que duerma plácidamente. Paseo por la zona para bajar la cena y descubrir un par de restaurantes hindús que decido mejor dejar para otra ocasión por aquello del picante.


Plaza Syntagma y Parlamento Griego

Universidad de Atenas























Y por fin llega el gran día. A las 5 de la mañana suena el despertador para levantarme tranquilamente, desayunar mis magdalenas (otro clásico :) ) y dirigirme una vez más a la Plaza Syntagma de nuevo que era de dónde partían los autobuses que nos llevarían hasta Maratón. El viaje tranquilo mientras por la megafonía nos iban dando las instrucciones para cuando llegásemos a la zona de salida. Lo único malo del viaje es que podíamos intuir cómo sería el trazado de la carrera y no pintaba nada bien, aunque yo no veía marcas kilométricas por ningún lado, con lo que tenía la esperanza de que el circuito fuese algo más benévolo por la otra parte.



Autobuses a Zona de salida

Llegamos un par de horas antes del comienzo de la carrera, con tiempo suficiente para dejar las bolsas con nuestra ropa en los camiones de DHL y entrar en la zona de salida situada en unas vetustas pistas de atletismo, dónde estaban instalados una gran cantidad de baños portátiles así como puestos de agua. Esa siempre es la peor parte, la larga espera hasta que se da la salida. Aproveché para estirar muy bien, mucho más de lo que hago habitualmente, comer una barrita de chocolate y para terminarme el litro y medio de agua que había empezado en el hotel.

A las 0845 me voy al cajón que se me había asignado por el tiempo acreditado en el Maratón de Valencia y que ere el número 3 de los 9 en los que estaba dividida la salida. Y a las 0900 en punto se dio salida a los corredores de Élite y a los del segundo cajón, y un minuto después nos tocó el turno a nosotros. Empezaba una nueva aventura y el intento de conseguir tachar de la lista una nueva ciudad olímpica.

Pero antes de echarnos a correr, se produjo uno de esos momentos que quedan grabados en la memoria. Todos los corredores con el brazo derecho en alto juntando las puntas de los dedos y escuchando un juramento de honor que realmente ponía la piel de gallina. Te imaginabas a aquellos guerreros atenienses preparándose para la gran batalla y para defender su honor y a sus familias. Fue algo realmente emotivo.

La salida no fue del todo limpia dado que al salir de las instalaciones y llegar a la carretera, nos situábamos únicamente en dos carriles por lo que era complicado adelantar. Para colmo, y a pesar de haber meado antes de entrar en el cajón, tuve que pasar a los 400m para volverlo hacer, con lo que me pasaron unos cuantos corredores que iban más lentos que yo y que tuve que volver a adelantar. No es un gran problema en un Maratón porque hay kilómetros y kilómetros para recuperar terreno y tiempo.

Los puntos kilométricos estaban marcados no sólo con banderolas sino que tenían también unos postes metálicos fijos durante toda la ruta que supuestamente recorrió Filipides para informar de la victoria de los Atenienses sobre los Persas. Lo que eché de menos más adelante fueron arcos hinchables en el Medio Maratón y en el km 30, que los suelen poner en todas las carreras. Deslucía un poco, pero tampoco es algo esencial para el transcurso del Maratón.

En esta primera parte del circuito totalmente plana pasamos por la zona dónde se celebró la famosa batalla de Maratón y bordeamos el parque dónde se encuentra la llama que honra a los valientes guerreros atenienses que cayeron en combate defendiendo la península de Attika.




En el km 5 ya había recuperado el tiempo perdido en la breve parada y estaba corriendo muy cómodo pasando en 25’32” a 5’05” el kilómetro, un ritmo que era más o menos el que me había marcado para aguantar toda la carrera. Y así lo hice otros 5K más, a pesar de que en el km 8, el circuito ya empezaba a avisar de lo que nos íbamos a encontrar más adelante. Un par de pequeños toboganes que nos dejaban a la entrada del pueblo de Nea Makri dónde se encontraba el km 10. Hasta ahí todo más o menos bien. Marco casi el mismo parcial que en los 5 primeros km con sólo 3” de diferencia, 25’35”, pero lo que se veía a lo lejos no me gustaba nada. El circuito se empezaba a complicar, porque empezaba a haber algún que otro tobogán y las rectas que había no eran del todo llanas. Para los que corréis por Barcelona, sería como si hablásemos de la parte baja del Paralel que parece llana pero no lo es. Aún así, jaleado por la gran cantidad de gente que animaba por cada pueblo que pasábamos, consigo mantener el ritmo y paso el tercer parcial en 25’57” aunque ahí ya me empezaba a hacer a la idea de que posiblemente no iba a ser capaz de terminar toda la carrera corriendo. Los toboganes ya no eran tales, sino largas subidas con empinadas bajadas, de las cuales, la subida y posterior bajada de los km 16-17 en la zona de Rafina se llevó la palma. Creo que esos dos kilómetros, junto con el tramo entre el Km 25-28 son los dos puntos críticos de la carrera. El primero te mina y el segundo te mata, pero por si todavía te quedan fuerzas, la organización ya se encarga de poner un túnel con una maravillosa subida en el km 31, justo antes de iniciar los 11K de descenso a meta.

Pero aún quedaba mucho por remar para llegar ahí. En el siguiente parcial, del Km 15 al 20, mi ritmo se baja otro poco para marcar 26'15" a pesar de que no iba demasiado mal e incluso me permitía el lujo de adelantar a corredores en las subidas, que ya eran una tónica constante y a las que ya me empezaba a acostumbrar. El medio maratón, situado en el medio de la nada, lo paso en 1h 49m lo cual no está nada mal dada la dureza del circuito, pero en mi cabeza tenía ese fatídico km 25 que en la radiografía del circuito la organización describía como la parte más dura. Pues no me la quería ni imaginar. Y entre pensamiento y pensamiento, llego a ese punto fatídico con un parcial de 27'25" un minuto más bajo que el anterior. Y el caso es que, quizás debido a que ya llevábamos 17K de subidas y bajadas y con un desnivel positivo de 200m, la verdad es que no noté especialmente duros esos kilómetros, o al menos no los noté más duros que los anteriores. 27'23" fue el parcial del km 30 y ahí es cuando mi cuerpo empieza a relajarse un poco conocedor de que sólo queda un kilómetro para coronar el punto más alto de la carrera y que a partir de ahí todo será cuesta abajo y llaneando hasta meta. Además el ritmo no se había desplomado bruscamente sino que fue bajando paulatinamente según caían los kilómetros e iba dejando atrás las cuestas.


El duro perfil de la carrera

Con lo que no contaba era con ese túnel que había mencionado anteriormente, justo antes del banner del km 31 en la zona de Gerakes. Recuerdo perfectamente la salida de ese túnel con muchísima gente caminando y yo subiendo como podía, pero sin dejar de correr en ningún momento. Al llegar arriba y comenzar el descenso empiezo a vislumbrar la posibilidad de terminar la carrera sin parar de correr en ningún momento. Pero quedaban todavía 11 largos kilómetros.

Empezamos el descenso y mi cuerpo se va recuperando un poco del esfuerzo de tantos kilómetros de ascenso. El parcial del km 35 lo sitúo en 26'33" casi un minuto menos que el anterior y hasta se me pasa por la cabeza que podría hacer split negativo, es decir, correr la segunda parte de la carrera más rápida que la primera. Pero no, porque sólo fui capaz de mantener ese ritmo, pero no mejorarlo debido al cansancio acumulado. Los últimos 7-8 km ya los recorríamos por las afueras de Atenas y en el km 40 que paso con otro parcial de 26'35" (premio a la regularidad...), ya empiezo a reconocer el circuito que había paseado el sábado. A pesar de que venía ya en el límite, el saber que sólo quedaba un kilómetro para girar a la izquierda y bajar por aquella empinada calle en dónde está el Palacio Presidencial, hacía que mis piernas no dejasen de correr y pensasen sólo en enfilar esa calle que recorrí disfrutando de cada metro, con una sonrisa de oreja a oreja y sabedor de que me faltaban sólo unos cuantos metros para entrar en el estadio Panatinaiko y conseguir terminar el Maratón más duro que corrí en mi vida, sin dejar de correr en ningún momento.


Disfrutando de los últimos metros

La entrada en el estadio fue algo inolvidable con muchísima gente en las gradas y con esa larga recta de 195 metros al final de la cual se encontraba la meta y que recorrí prácticamente entera con los brazos en aspa hasta pasar por debajo del arco. He vivido grandes momentos cruzando líneas de meta, pero este ha sido algo realmente especial, quizás por el hecho de haber realizado el recorrido original sin parar en ningún momento al igual que se supone lo hizo Filípides.




Hazaña terminada







Y nada más cruzar la meta veo un poco más adelante a un corredor polaco, Tomasz Kotarski, detrás del que había ido durante muchísimos kilómetros y que se pasó media carrera animando a la gente que estaba en las aceras. Le saludé, nos dimos un abrazo y nos sacamos un selfie que quedará en el recuerdo. Un poco más adelante, escucho a alguien gritar Celta! Desde fuera de la pista. Era Rodrigo, un chico sevillano que, extrañamente, era del Celta y que se había quedado alucinado de ver a alguien con la camiseta de Mostovoi. Estuve charlando con él y su amigo Miguel un rato para luego ir a por la ropa y volver al estadio para descansar y ver la llegada del resto de compañeros. Me tiré casi una hora allí sentado disfrutando de ese inmenso espectáculo.


Recogida ropa

Duodécima medalla mordida

Estadio Panatinaiko

Después, caminata hasta el hotel, ducha y comida en un bar cercano, para luego sentarme el resto de la tarde en un café a contestar la tonelada de mensajes que tenía en el Facebook. Y una vez recuperado un poquito, decidí dirigirme una vez más hasta el centro para cenar. Callejeando, encontré una pequeña plaza en la zona de Monastiraki con varios locales con terraza y la música en directo de uno de ellos hizo que entrase para no marchar de Atenas sin comer algo típico. El local se llamaba H ΩΡΑΙΑ ΠΕΝΤΕΛΗ y tenía tres pequeñas plantas. Allí disfruté de un delicioso plato que era como los pinchos morunos, y de típica música griega.


Zona Monastiraki

Acrópolis por la noche

El lunes tocaba regresar, pero no lo iba a hacer sin haber subido antes a ver el Partenón, así que me levanté a las 0700 de la mañana y a las 0830 ya estaba dentro. Las vistas, espectaculares y las ruinas, impresionantes. Os recomiendo ir a primera hora, porque a eso de las 1030 cuando me marchaba, había una cantidad impresionante de grupos organizados de diferentes excursiones y cruceros. Difícil sacar fotos si que te salga gente por todos lados.


Teatro Dionisio

Partenón

Atenas desde Acrópolis

Partenón

Había leído también que merecía la pena visitar la colina Lycabetus, así que después de bajar de Acrópolis, dar un largo paseo y llegar a la Plaza Syntagma, no os podéis ni imaginar el pedazo de subida que me tuve que meter para llegar hasta la pequeña capilla que corona la colina y desde la que hay unas increíbles vistas de absolutamente toda la ciudad de Atenas y, especialmente, de Acrópolis. Para los que no sean tan kamikazes como yo, se pude usar el funicular, si es que encontráis el punto de partida, porque yo no lo hice.


Atenas desde Lycabetus

Atenas conquistada :)

Y con este último paseo se terminó un maravilloso viaje a una ciudad que, en primera instancia me dejó un poco indiferente, pero con el paso de los días y al recorrerla a pie, me acabó dejando maravillado. Mucho ambiente, mucha historia y un Maratón para recordar.

Para los que habéis llegado hasta aquí sin sucumbir a los encantos de Morfeo, os diré que a pesar de la dureza de este Maratón, realmente merece la pena correrlo, por el ambiente que se respira, la pasión que le ponen todos los habitantes de los pueblos por los que discurre el trazado del Maratón y sobre todo por la oportunidad de poder conocer la que en su día fue la cuna de la civilización moderna.

Antes de terminar, quiero darle las gracias de nuevo a mi mujer Yoly y a mi pequeñita Fa por estar siempre ahí apoyando y también daros las gracias a todos vosotros que leéis estas crónicas que ya forman parte desde hace mucho tiempo de mi forma de vivir la vida, corriendo, viajando y sobre todo disfrutando. Especial mención a todos los seguidores de la web www.am14.net en la que colabora mi amigo Oscar Cusidó y que siempre leen con cariño mis crónicas maratonianas. Espero que todos hayáis disfrutado de esta nueva aventura. La próxima en Febrero desde Los Angeles!!!

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