domingo, 27 de noviembre de 2011

20ª Mitja Marató Ciutat de Tarragona

Bueno, ya estamos entrados en el 2012 y todavía tengo pendientes dos entradas de las dos últimas carreras que hice en el 2011, la Mitja de Tarragona y la Mitja de Vilanova.

La primera, cronológicamente hablando es la de Tarragona. Sin haberme recuperado al 100% de la Maratón de NYC, y con únicamente dos entrenamientos entre una y otra (tres semanas), me tomé la carrera como un entreno largo sin demasiadas pretensiones. No pensaba que el cuerpo pudiese aguantar un ritmo alto con tan pocos entrenamientos.

Llegué a Tarragona con tiempo suficiente para recoger el dorsal y no tener que andar con prisas que nunca son buenas y menos antes de una carrera. Fue una mañana bastante fría con dos o tres grados a eso de las 0730 de la mañana, pero con sol. La recogida de los dorsales sin problema e incluso sobró bastante tiempo para tomar tranquilamente un cafecito.

El circuito sobre plano era bastante asequible. Simplemente una cuesta en el km 5 y otra en el km 14. El recorrido discurría en su mayor parte por el centro de Tarragona y la franja litoral de la playa y el puerto.

Minutos antes de la salida me encuentro con mi amiga Montse que vive allí y se pegó el madrugón para hacer el reportaje fotográfico y darme ánimos. Desde este blog un beso muy grande y mil gracias por las fotos y la compañía.

En la salida me coloqué hacia adelante donde ví alguna cara conocida con los que suelo coincidir por las diferentes carreras de estas tierras catalanas.

Salida - A la izquierda con pañuelo azul en la cabeza
La salida fue fulgurante. Bastante más rápido de lo que inicialmente yo esperaba, pero como estaba en un grupito bastante adelante, pues una vez pasado el primer km intenté mantener el ritmo.

Los 4 primeros km por debajo de 4:25 y el quinto, en el que estaba la primera cuesta se me fue a 4:40 para volver de nuevo a ritmos cercanos a los 4:20-4:25 hasta el km 14. Antes, pasando por el km 12 el speaker animador de la carrera me dedicó unas palabras. Sí, tal cual. Yo iba con mi camiseta del Celta con el 10 de Mostovoi en la espalda y me giré para que lo viese, con lo que se puso a dar ánimos hablando de lo histórica que era esa camiseta y los años que tenía (era la roja y blanca). Bueno, pues después de ese baño de masas ya veía yo que las piernas flojeaban un poco, pero aún así hasta el km 14 aguantaron bien. Pero ahí, la cuestecita del 14 al 15 me mató. Me fue imposible mantener los buenos ritmos que llevaba, aunque no me hundí, ni mucho menos. El ritmo no era excelente, pero era muy bueno.

Todo en orden en la primera parte del circuito
La última parte del circuito se hizo bastante larga y tediosa. Eran unos cinco km de ida y vuelta por el espigón del muelle comercial. Bastante aburrido, pero más o menos llano. Bueno, diría que del 15 al 17 era un falso llano en subida, que luego, del 17 en adelante se convertía en una muy suave bajada.

Km 5
Mirando el reloj, me dí cuenta de que iba fenomenal de tiempo, aunque por mucho que pusiese de mi parte no conseguiría hacer mi MMP (Mejor Marca Personal). Así que en los dos últimos km apreté lo que pude para cruzar la meta en 1:36:32 mi segunda mejor marca en Media Maratón. No me lo podía creer!! Justo el mes de la Maratón de NYC y el mes de menos entrenos y km de todo el año!! La explicación es que el cuerpo todavía tenía las reservas de todos los km hechos para la Maratón y ahí fue la explosión.

Orgullo Celtiña entrando en meta
En resumen gran carrera en la que quedé en el puesto 621 de unos 2000 participantes y en el que tuve el número de dorsal más bajo de todas las carreras en las que he participado. El 13... Te hace sentir cómo si fueses profesional, aunque en cuanto dan la salida te das cuenta de la cruda realidad... :)

En cuanto a la organización ni un pero. Todo muy bien, los regalos geniales, un cortavientos y unos guantes, así como una bolsa de recuperación con manzana, bebidas, chocolate... Mención especial para el speaker que, de nuevo en la meta, se vino arriba al verme llegar.

Como novedad para este año deciros que nos han cerrado la página de Strands, así que ahora las estadísticas las podéis ver en esta otra página, RUNKEEPER y la fotos, como siempre en GOOGLE+.

domingo, 6 de noviembre de 2011

42ND ING NYC MARATHON




No era algo que desease desde pequeño, ni siquiera un capricho de adolescente. Más bien fue una idea loca que se me ocurrió cuando visité por primera ver New York en 1997. Estaba con mi novia de paseo por allí y no recuerdo exactamente por qué, pero le comenté que tendría que ser alucinante que corten el tráfico y que puedas correr por el medio de estos increíbles edificios en la Maratón. Quizás ví algún cartel o algo así, porque hasta ese día mi interés por correr había sido totalmente nulo. Piragüismo, basket y fútbol era lo que había hecho hasta el momento, pero eso de ponerme unas zapatillas e ir de un sitio a otro para llegar agotado, ni se me había pasado por la cabeza, a pesar de que alucinaba con Carl Lewis y otros corredores de la época.

Así que la idea quedó ahí, aparcada en alguna parte de mi cerebro durante unos dos o tres años más hasta que un día trabajando en una discoteca y hablando con uno de mis compañeros le comenté mi loca idea. No sólo no le pareció loca sino que me contó que él había corrido medias maratones hacía tiempo y que lo había dejado por culpa de la ciática, pero que le gustaría volver a empezar. Ese compañero es hoy uno de mis mejores amigos y es al que realmente le debo lo mucho o poco que soy en el mundo del running y al que le estaré eternamente agradecido por haber conseguido que un chaval criado en un pequeño pero maravilloso pueblo de la costa lucense, Ribadeo, haya podido cumplir su sueño de correr por las calles de New York y cruzar junto con otros miles de soñadores la meta de Central Park. Matías ya te lo dije personalmente y ahora no puedo dejar de mencionarlo en esta crónica. Gracias, un millón de gracias por haberme enseñado a correr y por haber estado conmigo todos estos años aunque ahora sea en la distancia que nos separa. La mitad de mi medalla es tuya.

Mi maratón de NY no empezó el 6 de Noviembre del 2011, ni unos meses antes cuando me enviaron la confirmación de la inscripción, ni siquiera el año pasado cuando me apunté por sexta vez al sorteo. Empezó aquel verano del 97 y empezó a coger forma una noche de invierno de madrugada en una discoteca de Vigo. Extraño, pero real como la vida misma.

A partir de ese momento en el que Matías y yo decidimos empezar a entrenar para algún día poder estar lo suficientemente preparados como para poder aguantar la dureza de una maratón, empezaron los entrenamientos y los primeros proyectos de carreras. Durante un año y medio, diría más bien dos, simplemente salíamos a correr sin un objetivo concreto de tiempos. Simplemente necesitabamos enseñarle a las piernas la forma de estar un largo periodo de tiempo en constante movimiento. A las piernas y al resto del cuerpo, especialmente al corazón. Cuando vimos que ambos estaban preparados, decidimos que era hora de estrenarnos, al menos yo, en una competición oficial. Así que nos apuntamos a la Meia Maratona de Lisboa en el 2004. Conseguimos bajar de las dos horas y repetimos al año siguiente. Y fue más o menos por esa época cuando nuestros destinos se separaron y tuvimos que entrenar por separado. Quizás ese fue el momento más duro. Cuando entrenas con otra persona, te ves en la 'obligación' de ir. Pero cuando estás solo, encuentras un millón de razones para no salir a correr y apenas un par de ellas para ir. En esos momentos es cuando realmente, sin darte cuenta, te fortaleces mentalmente y es precisamente esa fortaleza mental la que te ayudará a conseguir tus metas, sobre todo si tus metas son correr maratones.

Matty/Suso - Meia Maratona Lisboa 2005

Después de estas dos Medias, la curiosidad hizo que me decidiese por intentar correr una maratón. Necesitaba saber lo que se sentía al pasar de los 21,097Km. No sólo pasarlos, sino doblarlos. Así que en el 2006 me apunté al MAPOMA, la Maratón de Madrid. Me quedé alucinado del ambiente y la primera parte del recorrido la hice casi sin enterarme. A partir de la mitad.... lo desconocido... Y fue duro, muy duro. Hasta el km 32 más o menos todo fue bien, pero a partir de ahí un sufrimiento, un dolor de piernas y un cansancio general que no había sentido nunca. Pero la fuerza mental de la que hablaba antes, pudo con el cansancio y conseguí terminar en 4h14m. Estaba feliz! Si pude terminar una maratón, seguro que en NY también lo podré hacer. Mi sueño se acercaba.

MAPOMA Madrid 2006

Después de la maratón de Madrid sucedió un hecho que hizo que mi status de runner cambiase completamente. Un cambio de trabajo y un traslado a Barcelona hizo que descubriese un mundo completamente nuevo. El de las carreras populares. Después de un par de años en los que corrí dos medias más en Lisboa y la Maratón de París, me apunté a la Lliga Internet Champiochip que consta de unas 110 carreras puntuables repartidas por toda la geografía catalana. Esto hizo que me plantease un calendario de carreras y unos entrenamientos más exigentes que al final han sido los que me han llevado a la consecución final de mi sueño. Dos maratones más, Donosti en el 2010 y Barcelona en el 2011, en dónde establecí mi mejor marca 3h34m, me dejaron el camino preparado para el gran reto: ING NYC MARATHON.

Después de varios intentos en el sorteo, el 6 de Noviembre del 2011 era la fecha en la que esperaba conseguir realizar mi sueño. Y digo 'esperaba' porque, aunque no he abandonado en ninguna carrera, en una maratón hay demasiadas variables y, por muy preparado que vayas, una ampolla, un mal giro de tobillo, un pequeño desgarro, harían que la ilusión de terminar se quede en eso. En una simple ilusión.

La maratón ya la empecé a vivir los meses previos, con la organización del viaje, vuelo, el hotel y la tremenda cantidad de información que surge de internet, sobre todo de la página oficial del Facebook de la maratón. Eran muchas, demasiadas las dudas, bus o ferry a la salida?... asignación de los cajones de salida... bolsa del corredor... village... Todo esto con el tiempo se convirtió en mi día a día por lo que no sólo disfruté durante el viaje, sino que durante meses mi ilusión iba creciendo sin límite. Pueden dar fe de ello todos mis amigos que aguantaron estóicamente este período de mi vida en el que casi toda ella giraba en torno a esta carrera. En especial, la persona con la que compartía mi vida en esos meses, Kasia, a la que también le debo mucho por haberme apoyado en todo momento y haberme acompañado siempre a todas las carreras populares que me sirvieron de preparación y por suspuesto que gracias a ella este blog, con sus fotos, empezó a tomar forma. Desde este blog quiero mandarle un beso muy grande.

Y llegó el momento. El viernes 4 de Noviembre por la mañana cogí el avión que, vía Lisboa, me llevaría a NY, el Fernando Magallanes. Incluso a unos miles de km de NY ya se respiraba el ambiente de la maratón porque había gente con la ropa de deporte, sobre todo las zapatillas que ningún corredor que se precie se atreve a facturar por si se extravía la maleta. Uno puede correr con una camiseta o con un pantalón nuevos en caso de emergencia, pero jamás, nunca se pueden estrenar zapatillas el día de la maratón.

El vuelo fue realmente tranquilo y una vez en NY, directo al hotel para cenar y descansar porque al día siguiente tocaba la visita a la Marathon Expo para recoger el dorsal y toda la información necesaria, aunque ya poco más me podían decir que no hubiese ya confirmado mil veces por Internet.

El sábado 5 nada más entrar en la Expo me entró una especie de subidón que me era difícil controlar. Era una mezcla de emoción con excitación e incredulidad de que, finalmente, estaba allí, en NY para al día siguiente correr la Maratón. Miles de corredores de más de 50 países diferentes paseaban por la Expo ya con el dorsal en la mano y listos para cumplir sus sueños, metas, retos, ilusiones.... Al salir de allí, todavía me quedaba un largo día para visitar un poco NY sin caminar demasiado para no cansarme demasiado. Aún así, aproveché para dar un paseo por The High Line, uno de los últimos parques de la ciudad, construido sobre unas antiguas vías de tren elevadas, y para acercarme a la Zona 0 dónde la construcción de los nuevos rascacielos y, sobre todo, la de la Tower of Liberty que sustituye a las Torres Gemelas, está ya muy avanzada. Después me acerqué a Battery Park para explorar la zona dónde tenía que coger el ferry al día siguiente para ir a Staten Island y finalmente metro hasta el hotel para descansar.

Marathon Expo

Y finalmente, casi como si no hubiese pasado el tiempo desde 1997, llegó el gran día. A las 0430h de la mañana sonó el despertador y comenzaba el que iba a ser, sin lugar a duda, el día más feliz de mi vida. A las 5 estaba caminando por las solitarias calles de Brooklyn en dirección al metro dónde ya me encontré con los primeros corredores. Después de media hora en la que aproveché para comer unos frutos secos e hidratarme , llegué a la Staten Island Ferry Terminal para coger el ferry que nos llevaría hasta la zona de la salida. El viaje en el ferry fue maravilloso. Los afortunados que íbamos en ese ferry tuvimos la suerte de ver como el sol se levantaba por detrás del skyline de Brooklyn, convirtiendo la oscura noche en un anaranjado amanecer que se veía reflejado en los rascacielos de Lower Manhattan en la zona de Wall Street. Todo era perfecto, parecía como de guión de película.

Amanecer Lower Manhattan

Llegamos a la estación de Ferry de St. George en Staten Island y allí nos esperaban los autobuses que nos llevarían a la zona de la salida que estaba dividida en 3 villages. Dependiendo del color del dorsal (azul, verde o naranja) nos teníamos que dirigir a una o a otra. Todo esto, increiblemente organizado y señalizado, con una tremenda cantidad de voluntarios siempre amables y dispuestos a ayudar.

Al llegar a la village (yo tenía la azul), teníamos café, bagles, barras energéticas, agua, baños y todas las comodidades del mundo para que la espera no se hiciese demasiado larga. Quedaban dos horas y media para la primera salida (hay 3, a las 0940h, 1010h y 1040h) y tres horas para la mía. Al contrario de lo que pueda parecer a simple vista, no se hizo larga la espera. Para nada. A pesar de no estar acompañado el tiempo me pasó volando.

Camiones UPS en la Village para llevar nuestras cosas a la llegada en Central Park

A las 0900h escuchamos como daban el pistoletazo de la salida de las chicas profesionales y 40 minutos después el de los profesionales y los 15000 corredores que les acompañaban en la Salida 1. En ese momento, nosotros, los de la village azul entramos en los cajones. Quedaba media hora y mi corazón empezaba a palpitar algo más fuerte de lo habitual. Después de un rato en el cajón y de visitar el baño por última vez, emprendimos un pequeño paseo de unos 300 metros hasta la línea de salida. No sé muy bien como describir este momento. De repente estaba caminando entre los autobuses que forman la salida en el medio del peaje del puente Verrazano, que tantas y tantas veces había visto en la televisión. Y allí estaba yo, muy cerca de la línea de salida y prácticamente al lado del palco desde dónde se da la salida. Casi no podía respirar. Era como si fuese la primera carrera de mi vida.

Zona de salida en Verrazano Bridge

Y después de escuchar a una chica militar cantando el himno y de unas palabras del speaker en las que nos decía que este era nuestro momento, nuestro gran día y que las calles de NY eran nuestras, un tremendo cañonazo y las primeras notas del New York New York de Frank Sinatra dieron la salida oficial. Incluso ahora, mientras estoy escribiendo esto, se me encoge el estómago y se me saltan las lágrimas recordando ese momento. No hay palabras en nuestro rico diccionario para poder describir lo que sentí cuando mis piernas se empezaron a mover a la vez que escuchaba la canción a lo largo de los primeros 200 o 300 metros del puente en los que había instalados altavoces. Fue, sin duda, un momento y una sensación que recordaré el resto de mi vida.

Una vez superado ese primer km sobre el Verrazano lleno de emoción y de poco ritmo debido al desnivel de 80 metros, comenzó el descenso que nos introduciría de lleno en las calles de Brooklyn dónde desde la milla 2 una bulliciosa marea de gente nos acompañaba gritando, cantando y animando sin parar. Increible! No había metro de acera sin gente.

Brooklyn 4th Avenue

Al contrario de lo que me había imaginado, pude coger ritmo fácilmente sin que me sintiese agobiado por la aglomeración de corredores. El puente y las calles eran lo suficientemente anchos como para correr sin demasiados problemas.

En la milla 3 (Km 5) cojo al globo de las 3h30m. Eso significaba que si no me separaba de ese grupito, llegaría exactamente en ese tiempo. Pero en el puesto de avituallamiento de la milla siguiente y viendo que mi ritmo era mejor, dejo atrás al globo. La verdad es que había ido a disfrutar y no a planificar una carrera para hacer un tiempo determinado. Para eso ya tendré tiempo. Así que, aunque la cabeza me decía que bajase el ritmo y me pegase a ellos, mis sensaciones iban por otro lado, así que seguí a lo mío, disfrutando de los grupos de música que estaban repartidos por el recorrido y de la gente, chocando las manos con los niños pequeños que se volvían locos de alegría.

Km 10 - Fresco como una lechuga

Las millas siguientes transcurrieron tranquilas, con un día fantástico y escuchando las canciones que tocaban la multitud de cantantes y grupos que estaban repartidos por todo el recorrido. Recuerdo haber escuchado 'Where The Streets Have no Name' de U2, 'Ring of Fire' de Johnny Cash', 'Empire State of Mind' de Alicia Keys y 'Born to Run' de Bruce, así como grupos gospel a las puertas de las iglesias por las que pasábamos y otras muchas más..

En la milla 8 (Km 14) las tres carriles de los tres colores nos juntábamos para hacer las 18 siguientes ya por el mismo recorrido y en la milla 9 una de las grandes sorpresas de la carrera. Allí estaba instalada una pantalla gigante de ASCIS en la que se mostraban mensajes que previamente tus amigos podían cargar en una página de internet. Yo había cargado uno de prueba y al pisar la alfombra no sólo sale ese, sino también uno de mi ex-jefe de Valiant, Bill Clark, uno de mi amigo Matías y otro de un gran celtista, Nano Ameneiro. No os podéis ni imaginar el subidón!!! De vuelta a España vi que hubo hasta 10 mensajes que, posiblemente siguiesen saliendo una vez dejé la pantalla atrás. Muchas gracias a todos por vuestro apoyo!!!

Y poco a poco, como quien no quiere la cosa, liquidamos Brooklyn y llegamos al Pulanski Bridge dónde estaba la alfombra del Medio Maratón y que nos metía de lleno en Queens. Mi registro en ese punto fue de 1h43m, un par de minutos más rápido de lo que en un principio había planeado sobre papel.



En las siguientes dos millas empecé a notar algo de carga en las piernas y en la milla 15 (Km 25) vino el momento más duro de toda la carrera. El Queensboro Bridge. Un kilómetro de fuerte subida seguido de otro de empinada bajada. Todavía hoy no tengo muy claro si fue peor la subida o la bajada. En la subida los gemelos, después de llevar 24K sufrieron de lo lindo, pero en la bajada, entre el Km 25 y 26 los cuádriceps también tuvieron su momento de gloria. De todas formas y a pesar del desgaste, ese era uno de los puntos más emblemáticos de la carrera. Es el punto donde dejas Queens y entras en Manhattan por la First Avenue. El ambiente allí es increíble, indescriptible. Ya no es que no haya ni un metro de acera sin gente, es que hay 4 o 5 filas durante los primeros km del paso de la carrera por Manhattan.

Queensboro Bridge

Y el momento que llevaba unas millas temiendo, finalmente llegó. En el avituallamiento de la milla 17 (Km 27), tuve que caminar unos metros para recuperar un poco las piernas. Sin llegar a parar pasé el avituallamiento andando para poder beber bien y comer un plátano que una amable chica del público me había dado. A partir de ahí empezó mi calvario. Una negociación con mis piernas a las que les daba un minutito de caminata por cada milla que corríamos. Así llegué al Willis Bridge que nos metía de lleno en el Bronx y más tarde al 5th Av Bridge que nos devolvía a Manhattan por la 5th Avenue atravesando Harlem, donde la animación era espectacular.

Con un ritmo realmente lento llegué a la milla 23 (Km 37) que es el punto en el que, por fín, y después de tanto sufrimiento, entrábamos en Central Park. Llevaba años y años imaginándome en los entrenamientos cómo sería entrar y correr por Central Park antes de cruzar la meta. Era algo que me motivaba para mantener ritmos. Así que a partir de ahí, me comprometí conmigo mismo a no caminar ni un sólo metro. No había ido a NY para caminar, sino para correr una Maratón. Y así fue, pasé la milla 24 y cuando divisé la milla 25 (Km 40) de nuevo un subidón se apodera de mi. Al fondo veía el Plaza Hotel dónde estaba la curva que nos sacaba de Central Park para enfilar la West 59st camino a Columbus Circle por dónde entraríamos de nuevo a Central Park y haríamos los últimos 500mts antes de cruzar la meta.

Km 40 - Central Park

Aunque tenía fuerzas para haber hecho unos dos últimos km a un ritmo aceptable, no lo hice. Era como que no quería que se acabase así que disfruté lo máximo posible de esos dos km antes de llegar a la linea de meta de Central Park. Antes de llegar a la consecución de mi gran sueño. Las lágrimas y el grito de alegría al cruzar la línea de meta no hacían otra cosa sino confirmar que había cumplido mi sueño y que, en esos momentos, no había persona más feliz en el mundo.

Cruzando la meta de Central Park


No podía estar más feliz - Había cumplido mi sueño

Después de un buen paseo ya con la medalla en el pecho y las famosas mantas térmicas de Foot Locker, llegamos a los camiones de UPS dónde horas antes y a 42km habíamos dejado nuestras bolsas con la ropa. Salí del parque por la West 85st sali y con cara de cansancio, pero con una sonrisa de oreja a oreja me fui a coger el metro para ir al hotel a pegarme la ducha más gustosa que recuerdo.

Al día siguiente, volví al 'lugar de los hechos' para hacerme la foto con la medalla y la línea de meta detrás y comprar alguna cosilla que me acreditase como Finisher en el ING NYC Marathon. El resto del día y a pesar del cansancio, largo, muy largo paseo por Central Park y otras partes de NY para despedirme hasta la próxima de esta fantástica ciudad.

Feliz como una perdiz luciendo medalla en Central Park 

No voy a escribir los nombres de todas las personas que me han apoyado y que han estado ahí durante todos estos años porque la lista es interminable, pero sí que quiero mandarle un abrazo a la gente de Strands (lástima que la página cierre en unos días), a mis amigos celtistas que son muy muy grandes, a mis compañeros de trabajo, en especial a Migueneng que han aguantado lo suyo, a mis amigos Ribadenses y Vigueses que y en especial a Gilucho y Elena que me transmiten día a día fuerza y mucho cariño. Quiero que sepáis que, aparte de los 47000 corredores, 8000 voluntarios y los 2.5 millones de personas en la calle, todos vosotros también habéis estado el 6 de Noviembre corriendo conmigo en NY

Para no variar, las estadísticas completas en GARMIN y las fotos en PICASSA. El resto de las fotos del viaje las podéis ver pinchando en este ENLACE.